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El Día del Señor

La comunicación eclesial, fruto del amor del padre en Cristo resucitado y con la paz del Espíritu Santo

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
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26 de Mayo del 2019 04:00 hrs
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Liga Corta




“La vida es una adelanto de la plenitud que tendremos en el cielo” -Fernando Mario Chávez Ruvalcaba.
Cortesía / “La vida es una adelanto de la plenitud que tendremos en el cielo” -Fernando Mario Chávez Ruvalcaba.

Estamos ahora en el sexto domingo de Pascua celebrando la cincuentena pascual, tiempo litúrgico y espiritual que nos ayuda a renovar nuestra fe y esperanza con el amor de Cristo vuelto a la vida, después de su pasión y muerte en la cruz.

La vida que Cristo nos comparte a todos los que somos sus discípulos y creemos en él y en su obra de salvación, es ya un adelanto de la plenitud de esa vida que tendremos en el cielo para toda la eternidad.

Desde el punto de vista de nuestra fe cristiana, sólidamente fundada en el misterio de la resurrección de Jesucristo, estamos convocados a ser testigos del designio del Padre realizado por Cristo y con la amplitud de dones, carismas y gracias del Espíritu Santo, quien lleva a su perfección y plenitud, nuestra vocación como cristianos comprometidos para irradiar en el mundo la salvación como, liberación del pecado y las miserias humanas y brillar con la luz de nuestras obras inspiradas por el evangelio de Jesús en medio de las tinieblas y ama guras de la hora presente.

Dios hace comunidad con los hombres

Al tener muy en cuenta el evangelio que acabamos de proclamar, según San Juan, encontramos tres puntos de referencia para la comunión que Dios, por iniciativa propia, establece con los creyentes como su morada entrañable: el amor a Cristo, el Espíritu, y la paz del Señor resucitado. El Espíritu que el Padre envía a los discípulos en nombre de Jesús, fundamenta la comunión con el hombre, transformándolo en morada suya. El amor de Cristo y la obediencia incondicional de la fe, son dos elementos que favorecen el clima para constituir y desarrollar nuestra vida relacional con Cristo y por Él, con el Padre.

Por otra parte, el Espíritu Santo y la paz que nos da Cristo resucitado, son otros dos puntos, de comunión de Dios con los hombres, de acuerdo con la lectura evangélica de este domingo.

Ciertamente la presencia y la acción fecundante del Espíritu Santo, que el Padre envía para que inhabite en la almas, viene en nuestra ayuda durante la ausencia física del Señor. Este Espíritu ha sido y será el maestro que enseña y recuerda todo lo que Cristo ha confiado y revelado a sus discípulos y testigos de su vida y presencia activa entre los hombres que crean en Él.

La paz de Dios alienta en todos los creyentes, la alegre seguridad de la permanente presencia de Cristo por su Espíritu y por esto mismo, podemos captar y entender, las palabras poderosas de Jesús resucitado cuando se apareció a sus discípulos para darles la paz, en la casa donde estaban reunidos por miedo a los judíos: “Mi paz les dejo, mi paz les doy. Reciban al Espíritu Santo para el perdón de los pecados”.

El papa Francisco al hablar recientemente al Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras (PIME), ha enseñado muy atinadamente, que la misión de la comunidad eclesial, es favorecer e instaurar el encuentro y el diálogo con Jesucristo muerto y resucitado. Es abrir la puerta y el camino, para todos los hombres de buena voluntad que quieran formar parte de la comunidad eclesial para que unidos a Jesucristo, con Él, por Él y en Él, se lleve a efecto realmente la evangelización de los pueblos teniendo como objeto y razón de ser, precisamente la persona de Cristo, muerto y resucitado.

De otra manera no podrá existir la verdadera evangelización, si no estamos unidos a la persona y misión de Cristo resucitado, vida y esperanza en nuestras vidas y caminando hacia la comunidad eclesial con todo su esplendor y realización en la vida eterna del cielo.

¡Hermanos y hermanas: pidamos hoy fervientemente a Jesús, que formemos parte de su Iglesia, como comunidad de vida y amor misioneros, en nuestras familias, escuelas y universidades y en todas las actividades y culturas de la vida presente con sus valores positivos y purificados por la gracia de la evangelización cristiana. Solamente así, estaremos caminando por el mundo y anunciando brillantemente la persona de Jesucristo y su irradiación de fe, esperanza y amor abiertos a la luz de su evangelización con el cumplimiento de sus promesas para el tiempo y la eternidad!

Obispo emérito de Zacatecas*