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El Día del Señor

Cristo glorificado en su ascensión, es fuente de vida plena y perfecta

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
~
02 de Junio del 2019 04:00 hrs
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Liga Corta




Al avanzar la cincuentena pascual, hemos llegado a la celebración solemne y gozosa de la Ascensión de Jesucristo a los cielos. Esta celebración, es una síntesis de las verdades que profesamos con nuestra fe cristiana, recibida como don en las aguas bautismales. 

Y es asimismo la culminación del misterio pascual de Nuestro Señor Jesucristo, quien después de la prueba y la humillación suprema en la cruz, como altar de su inmolación por todos los hombres, es glorificado y constituido Señor del universo y cabeza de la humanidad rescatada del pecado y la muerte eterna.

Pero esta glorificación y honor altísimos, se desbordan también sobre nosotros, como Iglesia, prolongación de la persona y acción liberadora de Cristo, siempre presente en todas las etapas de la historia de salvación y hasta la consumación de los siglos en el más allá. Jesús se eleva hacia el cielo para la gloria del Padre como el hombre nuevo, es el primero de la nueva creación de Dios; es la medida del hombre perfecto y el signo vivo, que testimonia el destino brillante de la humanidad, restituida por medio de él a su imagen primera, reflejo de su
Creador, como destino de exaltación perdurable y eterna.

Por todo esto, ahora

estamos invitados a elevar los ojos de nuestras almas, para contemplar activa y gozosamente, el gran misterio de fe, que es la gloriosa Ascensión de Jesucristo a los cielos.

Con la Ascensión del Señor, llega a su culmen la luz que brilla para tener en cuenta y comprender, el contexto en el cual se establece y debe desarrollarse: el tiempo y la misión de la Iglesia, para sí misma en su constante crecimiento y razón de ser y para la evangelización de los pueblos, según las palabras de Cristo en el texto evangélico de hoy:

“Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos, al tercer día, y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados". 

Obispo emérito de Zacatecas*