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Memoria viva

El patrimonio natural que perdió Zacatecas

Manuel González Ramírez
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05 de Junio del 2019 04:00 hrs
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La devastación continúa. Galería de la Crónica de Zacatecas.
Cortesía / La devastación continúa. Galería de la Crónica de Zacatecas.

A través de este medio nos unimos a la conmemoración y reflexiones que pretenden convertirse en acciones con motivo del 5 de junio, Día Internacional del Medio Ambiente. António Guterres, secretario General de la ONU expresa al respecto que ya “es hora de actuar con contundencia. Mi mensaje a los gobiernos es claro: gravar la contaminación, dejar de subvencionar los combustibles fósiles y dejar de construir nuevas centrales de carbón. Necesitamos una economía verde, no una economía gris”. Y al parecer, nuestro país va en sentido contrario a esta exhortación.

En Zacatecas pagamos las consecuencias de la deforestación por la actividad minera y consumo doméstico de maderas y todo tipo de matorrales. Lo del “cielo cruel”, tal vez no sea castigo divino, sino un efecto.

Y a propósito de paisajes y patrimonio natural traemos a la memoria a dos cronistas que entre finales del siglo 16 y principios del 17 describieron esta serranía zacatecana. El padre Alonso de la Mota y Escobar en su Descripción geográfica de los reinos de Nueva Galicia, Nueva Vizcaya y Nuevo León [1605-1606], refiere que tuvo noticias de que a mediados del siglo 16, época del descubrimiento de las Minas de los Zacatecas había “mucha arboleda y monte en estas quebradas, las cuales todas se han acabado y talado con las fundiciones, de manera que si no son unas palmillas silvestres, otra cosa no ha quedado”. Y agrega que en “tiempos de la gentilidad”, es decir, antes de la llegada los españoles, esto era un “ámbito de serranía y bosque” y también era “el más famoso coto de corzos, liebres, conejos, perdices y palomas que tenía ningún señor en el mundo, y así gozaban de él los señores y caciques que lo poseían, cuya nación y vasallos se llamaban Zacatecas, de cuyo nombre se le quedó a esta ciudad de los Zacatecas. Tiene este bosque gran cantidad de fruta que acá llaman tunas, que de suyo nacen y se fructifican sin beneficio alguno, y juntamente produce este bosque gran diversidad de flores olorosísimas”.

Por su parte, Juan López de Velazco en su Geografía y descripción universal de las indias, consigna que la provincia de Zacatecas es una “tierra seca y falta de aguas, y así es estéril y falta de trigo y de maíz”, salvo en las huertas de regadío en las que se recogen buenos duraznos, manzanas, melocotones, membrillos, y otras frutas y hortalizas.

No sabemos si esa sequía a la que aluden los dos cronistas se deba a la deforestación que la actividad minera demandaba o sea una consecuencia de los ciclos naturales. Lo cierto es que antes de que finalizara el siglo 16 ya existían registros, los más antiguos que se conocen acerca de la toma de conciencia y de las primeras acciones que se emprendieron para la conservación del entorno. Estos testimonios se encuentran en el Primer libro de cabildo de Zacatecas.

En la sesión del 6 de mayo de 1575 se dio cuenta a todos los miembros de la Diputación de Minas acerca de la tala inmoderada que se estaba llevando a cabo en los montes de esta jurisdicción, lo cual traía consigo algunas consecuencias adversas para sus habitantes, entre otras, el encarecimiento progresivo de la leña debido a que cada vez se traía de mayores distancias. Por este motivo, la autoridad emitió una ordenanza para evitar la devastación de árboles y otras plantas.

Asimismo, acordaron que quien contraviniera estas disposiciones pagaría una fuerte multa que consistía en la nada despreciable cantidad de veinte pesos de minas. Un monto respetable para aquel año de 1575. Además, se determinó que los infractores, además de pagar su multa sufrirían el decomiso de la leña que trajeran consigo y sería donada a los pobres del hospital. Y para que nadie alegara ignorancia de esta ordenanza se mandó pregonar por todos los parajes de la ciudad y su jurisdicción, a tan solo dos días de su expedición.

Unos días más adelante, el 3 de junio, la Diputación de las Minas de Zacatecas realizó otra sesión en la que determinó que para dar el cabal cumplimiento a la ordenanza anterior y para poner “remedio de muchos delitos que se hacen en los campos y términos de estas minas, y que se prendan los delincuentes y castiguen y se mire por el pro y utilidad y conservación de los montes nombró por alguacil del campo a Martín Pérez, vecino de estas minas” a quien se le dio su respectivo nombramiento para que lo ejerciera.

Estas son las evidencias más tempranas de disposiciones oficiales para la conservación del entorno en Zacatecas y del nombramiento de la primera autoridad competente para vigilar su cumplimiento. Pero a pesar de ello y en pleno siglo 21, la devastación de la flora y fauna del Estado de Zacatecas continúa, ante la complacencia y/o posible complicidad de las autoridades de los tres órdenes de gobierno. Focos rojos son ahora los municipios de Monte Escobedo y Valparaíso.

Cronista de Zacatecas*