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El Día del Señor

La Santísima Trinidad

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
~
16 de Junio del 2019 04:00 hrs
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La semana pasada terminaba el Tiempo Pascual con la gran fiesta de Pentecostés. No obstante, podemos decir ahora, que en el Tiempo Ordinario que hemos retomado de modo progresivo, encontramos al inicio de este tiempo, la Solemnidad de La Santísima Trinidad y en seguida la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo. 

Ambas Solemnidades podemos considerarlas como un eco de la Pascua recién concluida, en la que hemos celebrado la acción poderosa del Padre eterno, la entrega generosa del Hijo al hacerse hombre para salvar a los hombres, actualizada siempre por la Eucaristía y la donación renovadora del Espíritu Santo.

El ministerio de la Santísima Trinidad en la Fe y la Vida de la Iglesia

La enseñanza siempre actual de la Iglesia fundada por Jesucristo, nos dice que el Misterio de la Santísima Trinidad es absolutamente central  en la vida y acción permanente de todos y cada uno de los cristianos, como seguidores y testigos de Jesucristo, revelador del Padre y donador del Espíritu Santo, desde la profundidad infinita y divina de la única naturaleza que existente  en tres personas: Padre quien engendra y crea vida.

Hijo quien al ser engendrado desde siempre por su Padre se hizo hombre para salvar a los hombres y El Espíritu Santo quien llena con su gracia, amor,  dones y carismas a la Iglesia, comunidad trinitaria que trasmite y revela indeficiente y sabiamente este misterio trinitario revelado por Dios mismo. Por esto, el Concilio Vaticano II define admirablemente a la Iglesia con las siguientes palabras luminosas de San Cipriano: “Así toda la Iglesia aparece como una muchedumbre reunida por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (LG n. 4).

Nuestra vida de cristianos es eminentemente trinitario

En efecto, hermanos (as), toda nuestra vida personal y comunitaria es enteramente cristiana y a partir de nuestro bautismo, que inaugura la vida nueva y sobrenatural: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. 

Esta vida nueva e inédita consiste en caminar diariamente hacia la casa del Padre eterno por medio de Cristo, camino, verdad y vida y con la guía de verdad y amor del Espíritu Santo. Por esto, toda nuestra vida bautismal en Cristo, es vida de filiación por el Padre, fruto del amor indefectible que él nos tiene y derrama al mismo tiempo en nuestras almas, en nuestros corazones por la acción magnifica y eficaz del Espíritu Santo con sus dones, gracias y carismas. 

Además, con lo que llevamos dicho en nuestra presente homilía, somos como Iglesia fundada por Jesucristo, familia trinitaria, paterna, filial y espiritual. Esto nos hace entender que nuestra Iglesia es la gran familia del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Iglesia Universal y Particular en todas y cada una de las Diócesis del mundo entero, como nuestra familia cristiana en nuestra Diócesis de Zacatecas.

Con los presupuestos que acabo de presentarles y explicarles con la ayuda de la gracia y sabiduría divinas que Dios nos concede con nuestra fe, esperanza y caridad, paso ahora a la parte final de nuestra homilía.

Aplicaciones prácticas para la vida de cristianos, siempre en nuestro entorno social actual

Si creemos vivamente en que el Espíritu Santo nos guía e ilumina por la voluntad del Padre unida a la de su Hijo hecho hombre: Jesucristo, siempre serviremos a la verdad y la vida sin desviaciones ni corrupciones y desechando completamente el pecado y las insidias del demonio que producen muerte y destrucción, apartando a los hombres de la vida divina. 

Fomentaremos con pensamientos palabras y obras las relaciones buenas y positivas, con nuestros semejantes salvaguardando continuamente los derechos humanos, tan conculcados cada día.

Seremos promotores de amor fraterno y servicial; lucharemos, para establecer y difundir, la dignidad y la liberación integral de los hombres en la justicia, la seguridad y el respeto y salvaguarda constante de la vida individual y comunitaria. 

En pocas palabras, hemos de ser y actuar como cristianos, si servimos al Reino de Dios, que como expresan las primeras peticiones del Padre Nuestro, colaboremos decididamente para que se cumpla la voluntad de Dios en nuestra existencia personal, familiar, laboral y cívica para la construcción de un mundo nuevo, de paz, seguridad y desarrollo de la justicia en todas sus formas y realizaciones..

Oración conclusiva

¡Gracias Padre, por el amor que en Cristo nos manifestaste y gracias también, porque abriendo el círculo de tu familia trinitaria, nos haces tus hijos adoptivos por Cristo y por el Espíritu Santo, que nos impulsan, iluminan y sostienen en nuestro caminar de cada día, hacia tu cielo eterno de gozo, paz y amor para siempre en compañía de María, nuestra Madre y de todos tus Santos. Que así sea!

*Obispo Emérito de Zacatecas