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Historias humanas

Alejandra muestra su devoción con la danza

Ángel Martínez
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20 de Junio del 2019 04:00 hrs
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La danzante es integrante del grupo denominado el Señor de los Rayos.
Ángel Martínez / La danzante es integrante del grupo denominado el Señor de los Rayos.
La danzante es integrante del grupo denominado el Señor de los Rayos.
Ángel Martínez / La danzante es integrante del grupo denominado el Señor de los Rayos.
La danzante es integrante del grupo denominado el Señor de los Rayos.
Ángel Martínez / La danzante es integrante del grupo denominado el Señor de los Rayos.
La danzante es integrante del grupo denominado el Señor de los Rayos.
Ángel Martínez / La danzante es integrante del grupo denominado el Señor de los Rayos.

FRESNILLO.- Ser parte de un grupo de danza es un honor, aunque algunos lo hacen solo por el tema artístico, otros es para pagar una manda, es decir, agradecer a un santo por un favor recibido, tal es el caso de Alejandra Hernández Zamora.

La danzante es una de los 30 integrantes del grupo denominado el Señor de los Rayos, donde Alejandra inició desde que era pequeña, desde los 7 años, pues pidió por la salud de su sobrino Miguelito, quien estuvo delicado debido a la aplicación de una vacuna, desde ese entonces prometió danzar mientras tenga fuerzas para hacerlo.

Asimismo, cada vez que danza lo hace también por su hija Lupita, pues su fervor en dios le hizo prometer que mientras tenga salud ella lo hará por sus seres queridos.

“Cuando uno danza se le olvida todo, no hay dolor, solo fervor y con gusto haré la manda hasta que pueda”, agregó Hernández Zamora.

Los 30 integrantes de la danza Señor de los Rayos ensayan dos veces a la semana, en el Gimnasio Solidaridad, para estar listos en los novenarios y rendir tributo en cada una de sus pisadas al santo o al mismo dios que los ha bendecido.

Cada uno de los participantes debe tener sus calzoncillos, enaguas, penacho, arco, guaje y medias, pues cada cosa es parte de su armadura como si fuera un caballero de la Edad Media, que se prepara para morir en el campo de batalla por sus ideales y, en este caso, para no rendirse a pesar del cansancio.