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El Día del Señor

La identidad de Jesucristo, ayer, hoy y mañana

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
~
23 de Junio del 2019 04:00 hrs
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Liga Corta




“Cristo vive siempre en medio de nosotros por su espíritu”.
Cortesía / “Cristo vive siempre en medio de nosotros por su espíritu”.

Cristo repite a sus discípulos de todos los tiempos: ¿Quién dicen que soy yo?
Esta pregunta fundamental y siempre actual, implica nuestra propia identidad cristiana. En un maestro de espíritu lo más importante es su doctrina que enseña, pero este no es el caso de Cristo.

Porque lo más atrayente de su persona y su obra de salvación, es su persona, que se ha manifestado vivo, ayer, como hoy y mañana para siempre. Jesús en cada época y momento de la historia, en cada hombre, en el mundo y en la Iglesia, en los creyentes y desde luego, en mí. Por esto vive personalmente como Dios y como hombre, sin perder su actualidad y desde luego, la pregunta decisiva, que exige nuestra respuesta: “¿Quién dicen los hombres quién soy yo?”.

Pero especialmente en los momentos de la vida de todos y cada uno de los que creemos en él. Cristo es completamente actualísimo, vive siempre en medio de nosotros por su Espíritu y por voluntad de su Padre eterno, quien lo ha resucitado de entre los muertos para que nosotros algún día en el futuro, resucitemos también por él, en él y con él. 

Y ahora, con nuestra homilía, descubramos y ampliemos una vez más el trasfondo del misterio de Jesucristo como Dios y como hombre, cabeza de la Iglesia de todos los tiempos y hasta la consumación de los siglos, en el “más allá” de la vida perfecta y eterna, hacia la cual vamos caminando hasta unirnos para la eternidad con él, en el esplendor de su gloria inmortal, brillante y soberanamente viva.

La figura de Jesús el viviente

Para acceder a la contemplación de la figura de Jesús quien vive entre nosotros, fijémonos en el evangelio de este domingo, en el cual encontramos tres secciones: 1ª Profesión de fe mesiánica por parte del apóstol Pedro, cuando Jesús hizo la pregunta a sus discípulos referente a su identidad. 2ª Primer anuncio de su pasión, muerte y resurrección, dejando en claro, que él no era un jefe o caudillo meramente político como creían sus discípulos.

Les revela que en él se cumpliría la profecía de Zacarías (743 antes de Cristo) que leemos en la primera lectura, en la cual se revela que el Mesías sería traspasado por la lanza del soldado al morir, tal y como nos revela el evangelista Juan (Jn 19, 31- 34). 3ª Condiciones que deben cumplirse para realizar el seguimiento de Cristo y que consiste: en negarse a sí mismo; cargar con su cruz cada día y mantener una absoluta disponibilidad, incluso dar la vida. Tengamos muy en cuenta, que
esta tercera sección nos hace conocer, que la cruz no es solamente para los discípulos y apóstoles de Jesús, sino para todo aquel que quiera seguir estrechamente al Salvador quien enseña con toda su vida y testimonio, el significado del seguimiento absoluto que pide a todo creyente en él, su misión y su obra de salvación.

Cristo vive hoy realmente y por esto no es un mero recuerdo histórico. Él no es una figura del pasado únicamente, que vivió en Palestina hace más de veinte siglos, sino una persona de hoy, de nuestros días, viva, cercana y amigo y hermano personal nuestro. Con él, por la amistad y el amor que nos tiene en plenitud, puede con su gracia, su sabiduría y poder, tocar con libertad el fondo espiritual y corporal de cada uno de nosotros y en especial, sus creyentes y seguidores. He aquí esbozada, la razón de nuestra fe y el fundamento sólido de nuestra esperanza para el tiempo que vivimos y desde luego, para la eternidad.

Obispo emérito de Zacatecas*