×
×
×
×


Búsqueda


Introduzca su búsqueda



X

El Día del Señor

Libres en Cristo para amar

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
~
30 de Junio del 2019 04:00 hrs
×


Compartir



Liga Corta




Para vivir en libertad Cristo nos ha liberado. De esta manera en este domingo, la Iglesia nos presenta el tema de nuestra libertad como don de Cristo y de su Espíritu Santo por voluntad del Padre eterno. Al ser creados por Dios, nos ha hecho a los hombres, en el culmen de su creación, “imagen y semejanza”; imagen como seres inteligentes y libres y semejanza según nuestra configuración con Jesucristo, autor de la vida nueva, de acuerdo con el plan divino de salvación. Se entiende la libertad como la capacidad que los seres humanos tenemos para optar o elegir la verdad opuesta al error, el pecado y la mentira con el ejercicio de nuestra inteligencia espiritual. 

También, habiendo sido dotados por nuestra creación de voluntad, con la cual debemos elegir entre el bien y el mal, rechazando especialmente el pecado y todas sus consecuencias negativas, nuestra vida moral consiste en actuar con todos nuestros pensamientos, palabras y acciones, acordes con la revelación divina; conformes e iluminados por la gracia divina para cumplir siempre la voluntad de Dios, quien nos hace ser perfectos con la adquisición de la verdad y del bien, como acabamos de explicar y en esto consiste la santidad de vida a la cual estamos llamados para ser perfectos como nuestro Padre Dios es perfecto, en el tiempo histórico y actual y para la eternidad.

Nuestra vocación es la libertad para amar como Cristo nos ama

En el evangelio de San Lucas, la vida de Jesús hacia su plenitud, se expresa, a partir del tercer anuncio de su pasión, muerte y resurrección en Jerusalén, hacia allá, decididamente empezó a caminar en compañía de sus discípulos y apóstoles. 

Bajo esta perspectiva, los seguidores de Jesús, estamos llamados a participar en su tránsito de este mundo hacia la casa del Padre.

Recordemos las palabras del Señor: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”. Ahora bien, Cristo se entregó libremente a la muerte para salvarnos, de este modo quiere también que al realizar su “seguimiento” de parte de los que creemos en él, sea con plena libertad impulsada por el amor con el cual Jesús dio su vida por todos los hombres y por el universo entero. 

Los discípulos de Jesús, no tienen más límites a su libertad, que los que señalan, el Espíritu Santo, el amor y el servicio fraterno, según lo que el Señor dijo un día a sus discípulos y seguidores: “El Hijo del hombre no ha venido a este mundo a ser servido, sino a servir y dar la vida por todos”. Esta postura fundamental para ser seguidores de él, va en contra del egoísmo, el libertinaje y la vida sin moral o ética, ni religión. 

Es desgraciadamente la vida de muchos, quienes usan su libertad para pecar e ir en contra de Dios, aún negándolo con actitud atea y en el fondo absurda. A la luz de estas reflexiones que estamos haciendo, la vocación común de los cristianos a partir del bautismo y demás sacramentos y que Cristo nos da, es un riesgo y un desafío como lo es la vida misma. 

Por esto, no deja de ser un atentado suprimir esta libertad, siendo absurdo renunciar a ella y un grave pecado abusar de la misma.

Recuerdo a este propósito, las palabras de San Agustín: “Dios que te creó sin ti, no te va a salvar sin ti”. “Y ama y haz lo que quieras” con la rectitud moral de este auténtico amor a Dios y a los hermanos, como plenitud de la ley en Cristo Jesús.

Esta última parte de mi homilía es una exhortación y un aliento para ejercer nuestra libertad cristiana. Esta libertad es para amar y mejor, más allá de todo egoísmo, soberbia y clausura de nuestra apertura hacia nuestros prójimos, amando incluso a nuestros enemigos y a quienes nos hacen el mal.

Obispo emérito de Zacatecas*