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El arte de vivir

Huberto Meléndez Martínez
~
02 de Julio del 2019 04:00 hrs
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Liga Corta




Al profesor Cristian Gerardo Alvarado González (+) quien vivió aceleradamente, como presintiendo un tránsito breve.

En la búsqueda de empleo se ocupó como promotor educativo, asesor de programas sociales, comunicólogo, diseñador, organizador de festejos juveniles y familiares, generador de proyectos, maestro de ceremonias, animador en cursos de verano, docente en Educación Primaria y Coordinador de guías educativos en un Centro Interactivo de Ciencias, en la capital de su estado natal.

Para conseguir éste último cargo, asistió a una audición ante las autoridades de la institución, en la cual participaron una veintena de aspirantes. Los nervios le traicionaron al momento de contestar un cuestionario verbal y quedó bloqueado emocionalmente. Quizá fue una de las situaciones más desafortunadas en su vida. Los sinodales permitieron posponer la entrevista hasta el final, para permitirle un poco de tiempo para que recuperara su aplomo.

Sorprendido aceptó y su desenvolvimiento superó las expectativas. Hubo consenso unánime para aceptarlo, recibiendo un contrato para colaborar junto con otros cuatro jóvenes, dirigiendo un grupo de niñas y niños asistentes a un curso de verano.

Hay personas que parecen haber sido enviadas para cumplir con determinada función, son excepcionales y escasas. Fue el más sobresaliente de los animadores de esa generación e invitado a coordinar el equipo de adolescentes y jóvenes encargados de atender a los visitantes en los recorridos temáticos por la institución.

Contribuyó con creces en la consolidación de un gran equipo de trabajo, pues resultó disponer de la personalidad apropiada a las necesidades del puesto, como se dice coloquialmente, parecía pez en el agua, enrolándose con fluidez en las diferentes responsabilidades asignadas.

Su crecimiento profesional estuvo distinguido por rapidez y prontitud, pudo adaptarse a los diversos retos profesionales que fue encontrando en el cumplimiento de las funciones.

Se dice entre la gente que cuando una persona muere, le afloran las virtudes. En este caso hay cientos de personas que pueden dar testimonio de las suyas. Fue de esos individuos que siempre hacen falta en los equipos de trabajo. A flor de piel podía percibirse la amabilidad, el buen sentido del humor, la espontaneidad, la alegría y conforme a las necesidades profesionales de la situación, podía asumir una presencia formal, concentrada y seria.

Encontró en su contexto oportunidades para proponer, crear, adecuar, modificar las formas de trabajo.

La comunidad de divulgadores científicos mexicanos seguro advertirán el vacío que deja, pues en los eventos nacionales eran esperadas sus ponencias relativas a las diferentes temáticas de atención a usuarios, conformación de grupos motivados al estudio de las ciencias, donde procuraba incluir el distintivo de lo ingenioso, sorpresivo, entusiasta, generoso, abundante, innovador.

Usted, amable lector(a), seguramente ha conocido seres humanos con esta calidad profesional o laboral, que siempre están inquietos buscando con avidez los medios para influir en la consecución de un mundo mejor. Viven muy rápido y lamentablemente también muy pronto se van para siempre, dejando en shock a familia, compañeros y amigos, intentando asimilar y encontrar una explicación lógica o ineludible resignación del repentino desprendimiento.

*Director de Educación Básica Federalizada