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El Día del Señor

La misión de la Iglesia es urgente y actual

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
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07 de Julio del 2019 04:00 hrs
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Liga Corta




La lectura evangélica de este domingo, nos hace ver de qué manera Cristo, fundador de su Iglesia, le confiere la gran tarea de la evangelización para la misma Iglesia y para el mundo. 

En este evangelio de San Lucas, podemos distinguir dos partes. 1ª Instrucciones de Jesús a los 72 discípulos, pues la urgente misión que les confía es porque “la mies es mucha y los trabajadores pocos”. Estos misioneros enviados por Cristo a los pueblos para anunciar el Reino de Dios, deben misionar de dos en dos preparando la presencia de Cristo en los lugres a los cuales pensaba ir personalmente para establecer sólidamente el Reino de su Padre y con la acción fecunda del Espíritu Santo. 

Regreso alegre de esos discípulos, quienes han comprobado la eficacia de su misión cumplida en nombre de Jesús.

El desarrollo de la misión que Cristo les ha confiado, requiere de la oración, diciéndoles: “rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”. La oración hace verdadera realidad el desarrollo de la misión confiada a los discípulos, pues sin ella sería imposible e infecundo llevar a cabo la misión de llevar a todos los pueblos la palabra del Señor con el anuncio de la salvación universal.

La misión evangelizadora de Jesucristo en los tiempos actuales

Con el aumento considerable de la población mundial (más de siete mil quinientos millones); con grandes logros en el avance incontenible de la transformación de la materia para usos maravillosos en amplias actividades humanas; con la aplicación de la tecnología fruto del desarrollo de las ciencias, como estamos constatando con los medios de comunicación social que millones de gentes estamos usando y con el advenimiento de nuevas culturas con nuevos valores y contravalores, se ha manifestado el fenómeno actual de la increencia que comenzó en minorías intelectuales, y ha pasado a ser patrimonio de masas. 

La negación de la existencia de Dios creador en muchas personas, se ha llegado a una concepción del hombre y del universo, como autosuficientes y efecto de las teorías científicas evolucionistas excluyendo la presencia de Dios, como supremo creador de todas las cosas del cielo y de la tierra.

En este contexto actual de la humanidad, se rechazan las religiones y especialmente nuestra religión cristiana, que profesamos en nuestra Iglesia Católica. Somos blanco y objeto de severas críticas, algunas positivas y a nuestro favor, pero también muchas negativas e incluso sin fundamento con criterios de ignorancia y hasta mala voluntad. 

Hermanos, todo esto que estoy diciendo en nuestra realidad actual, nos obliga a revisar la imagen que, de Dios, de Cristo y del evangelio ofrecemos al mundo de hoy. Desgraciadamente, ante los tiempos que corren, la reacción de algunos creyentes al reto o desafío de la increencia como negación de Dios, se traduce en repliegue, miedo, pesimismo o complejo de acoso ante tan grandes oposiciones y dificultades que nos presenta nuestra realidad actual, en muchos aspectos y ambientes francamente paganos, del hombre por el hombre sin Dios.

Teniendo en cuenta lo anterior, la respuesta adecuada, la que se pide hoy a los discípulos de Cristo, es tomar la situación de ateísmo o increencia, como un reto y una oportunidad que, al descubrir nuestras deficiencias, debe propiciar una continua conversión evangélica, personal y comunitaria, para vivir y testimoniar más y mejor nuestro verdadero cristianismo ante la faz del mundo. Para esto que acabo de indicar, hemos de establecer y fortalecer nuestra propia identidad cristiana y ahondar nuestra experiencia de fe, mediante el contacto personal continuado de nuestro diálogo con Dios.

Necesitamos ejercitarnos siempre a lo largo de nuestras vidas en la oración que nos ilumina, nos alienta y nos hace valientes testigos de la vida en Cristo para lograr nuestra salvación, según las promesas divinas y ayudar a nuestros prójimos a seguir el camino de Jesús.

Obispo emérito de Zacatecas*