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A cinco años de su muerte, recuerdan a Alejandro Nava por medio de su obra

Redacción
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10 de Agosto del 2019 04:00 hrs
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Liga Corta




Los asistentes tuvieron la oportunidad de conocer la obra del fallecido Alejandro Nava.
Cortesía / Los asistentes tuvieron la oportunidad de conocer la obra del fallecido Alejandro Nava.

Zacatecas recordó al artista plástico Alejandro Nava, a 68 años de su nacimiento, con la exposición de su obra escultórica y pictórica, que se complementó con una composición musical y la donación de dos piezas, por parte de su familia.

A través del Gobierno Estatal y la comunidad artística, la muestra No es que me haya ido se montó en los jardines del Museo Francisco Goitia y en la escalinata del vestíbulo del mismo recinto cultural, autoridades estatales y municipales de cultura recordaron el trabajo artístico de Alejandro Nava con una significativa exposición y una composición sonora especial, de Vicente Rodríguez.

Jánea Estrada Lazarín, gestora cultural y amiga del pintor, recordó al artista potosino por nacimiento, pero zacatecano por convicción, a través de una remembranza de su trayectoria y trabajo en favor del arte en Zacatecas.

Dijo que Alejandro Nava se encontraba muy orgulloso por el trabajo realizado en el taller Julio Ruelas, que él dirigió, y en donde tuvo el gusto de conocer a gente muy talentosa, y a partir del cual algunos han logrado llevar su carrera artística mas allá.

Estrada Lazarín dijo que su manera de producir arte era siempre inagotable, pero en los últimos años de su vida se volcó apasionadamente en la creación, “su gusto por la fotografía, la escultura, el video, la pintura y la poesía se acrecentaron, encontrando en el silencio y la soledad una forma de encontrarse con él mismo”.

Y añadió: “Alejandro se encontraba ya enfermo, sentía vulnerable cuando la enfermedad entro a su vida sin pedir permiso, su lucha contra el miedo lo llevo a enfrentarse en sus últimos años a una manera diferente de abordar el tiempo, el espacio y el arte”.

Algo similar pasa hoy con su obra –dijo-, las líneas y los colores cobran vida cuando el espectador las observa, abierto al juego de seducción ante los trazos, las figuras, las diferentes texturas y contornos de expresión de sus piezas, en donde el silencio siempre será necesario para escuchar lo que la obra de Alejandro quiere que escuchemos y veamos.