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Historias de Lobos

Mi delito... deseo de venganza

Ivonne Nava García
~
11 de Agosto del 2019 04:00 hrs
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Liga Corta




El hombre era inocente.
Imagen / El hombre era inocente.

Hace algunos años, en una comunidad de Fresnillo, Zacatecas, un hombre privó de la vida a otro con varios disparos de arma de fuego. El motivo, una mujer. 

Años después este conflicto continúa por herencia de rencillas. Sin embargo, ahora la venganza les jugó una mala pasada y un inocente pagará las consecuencias de las infidelidades de su abuelo.

La historia que antecede

Me acuerdo muy bien que mi tío siempre fue muy “garañón”. Le gustaba una mujer y “la tenía que hacer de él”. Estaba casado pero eso no importaba.

Mi tía le reclamaba y él le decía que mientras él también le diera a ella de que se preocupaba. Se agarraba riendo. Mi tía no dejaba de reclamar. Tenían muchos problemas entre ellos por eso. 

Mi tío era tomador y cuando llegaba borracho era seguro que se armaba el pleito en la casa. En esa época mis primos estaban chiquillos. Lauro tenía como 6 años y Pancho 4. También eran bragadillos.
 
Hace como 18 o 20 años, regresaron al rancho unas gentes que se habían ido para el otro lado. El viejo venía casado con una mujer más joven que él. Mi tío no pudo evitar voltear a ver a la mujer del viejo. Le gustó, luego fue evidente que le gustó.

Mi tío tenía alrededor de los 40. El marido de la señora ya se veía grande para ella. Mi tío la empezó a rondar. Muchos nos dábamos cuenta del amorío pero no decíamos nada. 

Mi tía supo también de esta infidelidad, pero a esta mujer sí la veía como una rival porque estaba muy guapa la señora. Fue a reclamarle a la mujer y de ahí se vinieron muchas cosas que todavía estamos pagando.

Mi tía fue a hablar también con el marido de esa mujer. Le dijo que cuidara a su vieja que andaba de cusca con mi tío. Se armó un “sanquintín”.

El viejo se fue a buscar a su mujer y dicen que la golpeó, la sacó encuerada del rancho y la corrió. Se quedó con los hijos. De ahí ella se fue a buscar a mi tío para que la ayudara, pero ya venía el viejo. 

No le dio tiempo a mi tío de nada. Lo agarró a balazos con un rifle. Quedó tirado debajo de un potrero. Lo quisimos ayudar, pero ya no había nada que hacer. El viejo se fue, dicen que para el otro lado. De la mujer no se volvió a saber nada, pero de vez en cuando se veía a los hijos de ellos que venían para los tiempos de las fiestas del pueblo.

Rencor

Mis hijos crecieron con mucho coraje para con ese viejo don Agustín, el que mató a mi esposo. Mi hijo, el más grandecillo, vio a su padre tirado lleno de sangre. No lloró, siempre dijo que lo iba a matar. Pasó el tiempo, pero de ese viejo no volvimos a saber nada. Nada más llegaron al rancho a dejar huérfanos de su padre a mis hijos y a mí a dejarme viuda.

Los hijos del viejo se veían cada año por aquí. Los traían los tíos venían a ver a sus gentes. Yo pienso que también venía el viejo ese pero nunca lo vimos. 

Tiempo después supimos que se había muerto en un accidente en el otro lado. Sabe si será cierto. Yo pienso que eso dijeron para que se enfriaran las cosas porque aquí mis cuñados también le traían ganas.

Años después

Mis hijos ya estaban grandes. Ya había pasado mucho tiempo de eso. El más grande ya me había hecho abuela y el otro ya andaba noviando. 

Aquí en el rancho para las fiestas de San Juan se acostumbra que venga la gente del otro lado. Los hijos de don Agustín vinieron. Ya eran unos hombres también. Era el mero día de la fiesta y andaban todos tomando. 

Estábamos viendo la pólvora. Cuando en eso pasó uno de los hijos del viejo. Nosotros estábamos muy tranquilos. En eso se acercó y no alcancé a oír qué le dijo a mi hijo y de ahí se agarraron. Nada más se pelearon a golpes. Los que estábamos ahí los separamos, les dijimos que se calmaran. 

El hijo del viejo amenazó a mi hijo. Le dije a mi hijo que nos fuéramos que no fuera a pasar algo. 
Él me dijo que no le tenía miedo a ningún hijo de su tal por cual y ahí se quiso quedar. Me regresé para la casa y mi nuera ya estaba arreglada para llevar al niño a los juegos. Le dije que no fuera, que mi hijo andaba borracho y que el hijo de don Agustín le había sacado pleito, que no fuera a pasar algo. 

No me hizo caso porque el niño ya estaba emberrinchado que se quería ir a los juegos. No más les eché la bendición. Qué hace uno, son jóvenes y no entienden. Me quedé con el Jesús en la boca no fuera a pasar algo.

Tragedia

Llevé al niño a los juegos y ahí nos alcanzó Lauro y de rato se juntó también Pancho con su novia. Se arrimaron otros amigos y andábamos en la feria del pueblo. Los hombres andaban tomando cervezas y yo andaba cuidando al niño, le decía a Lauro que ya nos fuéramos que ya era tarde, me decía que me regresara a la casa que él se iba a quedar. 

En eso estábamos cuando vimos que también andaban los hijos de don Agustín. Le gritaron a Lauro, “ahora sí que traes con mi madre” y Lauro le respondió cosas muy feas de su mamá. Yo traía al niño de la mano y en eso se dejaron venir y la gente como que se abrió.

Se me soltó el niño de la mano. Se hizo el pleito. Yo le gritaba a mi hijo y no lo encontraba. Lauro y los otros estaban trenzados peleándose y me fijé que uno de los hijos de don Agustín traía un cuchillo y vi que la camisa de Pancho se puso roja. 

Estaba muy asustada porque no veía a mi hijo. En eso me lo pasó Lauro y me dice llévatelo al Centro de Salud. Traía sangre en su carita. Estos siguieron en el pleito y yo me fui corriendo con el niño cargado para llegar a la clínica. Iba llorando, le dolía su ojo. Yo nada más le veía sangre. 

Dijo el doctor que era una cortada con un vidrio. Me dijo que me lo llevara a Fresnillo o a Zacatecas rápido para ver si le podían salvar su ojito. Corrí como nunca para que mi papá me llevara al hospital a que atendieran a mi hijo. Les decía que fueran por Lauro. Pero no lo encontramos. Nos fuimos al hospital, dijo mi papá que mejor al Real de Minas. 

No pudieron hacer nada. No supe si el niño se cayó arriba de una botella rota o si le dieron un botellazo. Pero mi hijo perdió su ojito. Su carita también quedó marcada porque desde la frente hasta su cachetito tenía la cortada. No supe que le pasó, ni quién se lo hizo. En la bola del pleito había más de 15.

Consecuencias graves

A Pancho se lo llevaron a Fresnillo. Le picaron un pulmón y una vena que va para el corazón. Lo operaron de urgencia porque se iba desangrando. El hijo de don Agustín le dio tres cuchillazos. Lauro llegó con una rajada en la panza. También lo operaron. Los hijos de don Agustín se fueron limpios.

Llegaron a traición. Casi matan a mi esposo y a mi cuñado. Mi hijo toda la vida estará marcado por un pleito en el que él no tenía nada que ver.

Prófugos

Se fueron para el otro lado huyendo como los cobardes que son. Ahora aquí las deben, quién sabe si regresen. El odio que se les tiene es mucho.

Venganza

La venganza es una respuesta a una ofensa o daño recibido con otro agravio en contra de la parte ofensora. Con el objetivo de hacer justicia propia o liberar la tensión que el dolor ha hecho germinar en el culpable.

Todos, en alguna ocasión, nos hemos sentido ofendidos de una u otra forma. La diferencia radica en la manera en que reaccionamos. Sin embargo, existen muchos casos criminales en los que la motivación fue el deseo de venganza.

Cuando la motivación es la venganza, pareciera que esta tendiese a ser perpetua. Puede aumentar o disminuir, cambiar de protagonistas y hasta montarse sobre las generaciones. 

¿Llega al agotamiento? Sí, pero el agotamiento en algunos casos tarda en producirse. A veces tarda demasiado y las consecuencias son trágicas. Además, el motor vengativo puede volver a arrancar cuando lo creíamos muerto.

La venganza es un arma de doble filo, porque no sólo complace el deseo de “justicia” propia sino, abre puertas de una serie de consecuencias negativas para quien la busca.

“Una persona que quiere venganza guarda sus heridas abiertas”, Francis Baco.