×
×
×
×


Búsqueda


Introduzca su búsqueda



X

El Día del Señor

La felicidad de los verdaderos cristianos está en Cristo que nos ama

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
~
11 de Agosto del 2019 04:00 hrs
×


Compartir



Liga Corta




“El hombre fue creado por dios para ser feliz en medio de pruebas, luchas y caídas”.
Cortesía / “El hombre fue creado por dios para ser feliz en medio de pruebas, luchas y caídas”.

Hermanos y hermanas: Toda eucaristía que nuestra Iglesia celebra, por mandato de Jesús, especialmente los domingos como “Día del Señor”, está constituida por dos partes: la mesa de la Palabra con sus lecturas bíblicas y el sacrificio en el altar, del cuerpo y la sangre del Señor, como también, banquete de vida divina en la comunión sacramental de los que se acercan a comulgar.

Las lecturas bíblicas iluminan toda la acción eucarística, para que al participar en ella en “espíritu y en verdad”, seamos alimentados y tener fuerzas espirituales y corporales, dando razón de nuestra fe y capacitarnos para ser testigos y difusores de la vida sobrenatural que Dios nos ofrece por medio de su Hijo hecho hombre y con la asistencia y acción amorosa del Espíritu Santo. En atención a estas verdades que estoy expresando, de acuerdo a las lecturas proclamadas, quiero precisar el tema de este domingo en la parte doctrinal de mi presente homilía, pasemos a ella.

Indudablemente, el hombre fue creado por Dios para ser feliz en medio de pruebas, luchas, esfuerzos, caídas y levantadas, y entrega servicial a él y a nuestros semejantes. Esto es posible, en el plan divino de nuestra salvación integral de alma y cuerpo, con la gracia y mediación de Jesucristo, quien nos ama y con su amor en nosotros, podamos amar, sin acepción de personas a nuestros semejantes, especialmente a los débiles y necesitados.

Hermanos: amar es el secreto de la felicidad, contando con la necesidad imprescindible de poseer y usar convenientemente los bienes materiales y espirituales para la propia subsistencia y ayudar a los prójimos compartiendo los frutos del trabajo con solidaridad que se basa en el amor, entrega y ejemplo de Jesús para nosotros. La felicidad que tanto anhelamos y buscamos tener, está dentro de nosotros y no fuera, porque es un estado de ánimo, posesión del espíritu y realización personal, tanto individual como comunitaria.

Nos podemos dar cuenta con la propia experiencia de cada día, que existen personas que son dichosas teniendo pocas cosas en su haber, pero con grande corazón para compartir, tiempo, servicio, en una palabra, donación total por medio de la cual florece el amor y la comunión fraterna. Son los que han comprendido y entendido la bienaventuranza de la pobreza efectiva y afectiva o de espíritu, y saben ser solidarios con los demás.

Son los que se dan cuenta y sobre todo en nuestros días y ambientes sociales, que la civilización del “consumismo”, de la abundancia y del desarrollo económico un tanto ilimitado da, efectivamente, medios de vida al hombre, cosas y más cosas, como cuando vamos de compras a los supermercados, pero todo esto tan conveniente y necesario para subsistir, si estamos atentos y vigilantes, no dan las últimas razones para vivir, ni dar la sabiduría de la vida presente y futura.

Para cada uno de nosotros y para los demás, como peregrinos que somos en esta vida que debe estar siempre abierta al encuentro definitivo con Dios, después de nuestro paso por este mundo.

Conclusión

Amar en profundidad y amplitud como Cristo, Nuestro Señor y dueño, nos enseña y nos da su gracia, es la base de la solidaridad y del compartir, en esto radica nuestra identidad como cristianos a partir de nuestro bautismo, hecho vida y razón de nuestro ser con Jesús y con todos los que él ama a través de nosotros mismos, testigos y difusores de su amor en la Iglesia y en el mundo.

¡Podemos ahora sellar nuestra homilía de la siguiente manera: en definitiva, la felicidad verdaderamente humana y cristiana, no consiste más que en nuestra plenitud como personas, como hijos de Dios y como hermanos de nuestros semejantes; por eso alcanzar el pleno desarrollo humano, espiritual y material, es nuestra vocación integral para ser luz brillante en el mundo por nuestras buenas obras para la gloria de Dios, Uno y Trino y para reforzar siempre, nuestra comunidad eclesial con el doble precepto del amor a Dios y a nuestro hermanos, síntesis y plenitud de la ley en Cristo!

Obispo emérito de Zacatecas*