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Una adolescencia traumatizante

Huberto Meléndez Martínez
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13 de Agosto del 2019 04:00 hrs
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Liga Corta




Dedicado al protagonista de la historia, por ser ahora un padre ejemplar.

“Toma ese cedazo y quita todo lo que flota en esa olla”, instruyó la cocinera de aquella terrorífica Correccional para Menores. El muchacho, de 14 años se empeñó en realizar la actividad, tratando de adivinar qué eran esas partículas parecidas al arroz quemado, suponiendo haberse pasado el tostado al freírlo. Intentando discernir su duda le preguntó a la señora: “son heces de rata” respondió impertérrita. 

A pesar de estar acostumbrado a ingerir alimentos en descomposición que les servían diariamente, como el envase recibido por las noches a manera de cena, con chocolate ligero  y rancio, el cual debía consumir convencido de que a todo se acostumbra uno, menos a no comer; su estómago tuvo un acto reflejo de contracción por la respuesta.

El comentario permitió entender por qué la mujer exageraba el tiempo de hervor del caldo de aquel perol que contenía picadillo, zanahorias, jitomates, cebolla, ajo. Sabía que tal vez el fuego mataría microbios y bacterias. Y pensar que desde el primer día fue el platillo que más le gustó.

Era el tercer rol de actividades de participación forzosa, luego de haber estado varios días en el equipo encargado de la limpieza del patio. Al principio estuvo con la brigada de aseo de los dormitorios. Fue esa otra experiencia repulsiva porque estaban infestados de horrendos piojos blancos. 

Esta desagradable situación, aunada a la ocasión aquella en que dos jóvenes altos, apodados “los primos” habían intentado violarle a las pocas semanas de haber ingresado, de lo cual se salvó porque gritó muchas veces y con todas sus fuerzas “¡Me están matando, me están matando!”. El celador escuchó y entró en su defensa.

En el segundo intento de agresión nocturna estuvo armado con un vidrio grueso, de algo encontrado en la basura. Uno de los delincuentes resultó con una cortada grave en el pecho, él con una herida profunda en la palma de la mano. Por precaución todas las noches colocaba vendas en ambas manos.

Decidió mantenerse al margen de vicios y drogas, (en muchos rincones se veían adolescentes haciendo inhalaciones). Sólo participaba en los entrenamientos (riñas) de boxeo, resultando siempre con múltiples heridas en la cara, pero queriendo aprender a costa de cualquier precio.

Éstas fueron las vivencias ordinarias en aquel ambiente hostil en el que la pretensión de regeneración estaba literalmente en el olvido.

Qué ingenuo su pensamiento de cuando la policía lo trasladaba a la Capital del Estado. Sintió sufrir por el viento helado de la madrugada. Desde ese momento, con abundantes lágrimas  tuvo la sensación de estar pagando a muy alto precio, una travesura cometida días antes. Lo peor estaba por venir en los siguientes años.

En él aplicó la frase de Aldous Uxley: “Experiencia no es lo que te sucede, sino lo que haces con lo que te sucede”. Actualmente aprovecha toda oportunidad de conversar con adolescentes para persuadirles de estudiar, trabajar y buscar buenas compañías.

*Director de Educación Básica Federalizada
huberto311@hotmail.com