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Historias humanas

Doña Catalina teje ilusiones y sueños

Ángel Martínez
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13 de Agosto del 2019 04:00 hrs
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La comerciante tiene 84 años y se enorgullece de su chamba.
Ángel Martínez / La comerciante tiene 84 años y se enorgullece de su chamba.
La comerciante tiene 84 años y se enorgullece de su chamba.
Ángel Martínez / La comerciante tiene 84 años y se enorgullece de su chamba.
La comerciante tiene 84 años y se enorgullece de su chamba.
Ángel Martínez / La comerciante tiene 84 años y se enorgullece de su chamba.

FRESNILLO.- Desde pequeña a Catalina Ramírez Valdez le llamó la atención el crear variedad de piezas al momento de tejer; pero nunca tuvo la posibilidad de aprender hasta ahora que ya tiene 83 años y que se convirtió en su manera de ganarse la vida.

A doña Catalina le gusta imaginar que cada pieza que realiza ilumina la mesa de una familia al momento de comer, le da color a una sala cuando se reciben a algunos invitados o hasta los gorritos para los recién nacidos, a quien arropan con tanto cariño las madres.

Originaria de La Prieta, Villa de Cos, doña Catalina platica que a su avanzada edad aprendió a tejer y bordar, pasatiempo que le gusta y que aprendió a perfeccionar y no a cambiar, porque “las cosas bien hechas solo hacen mejor, no se cambian”.

Destacó que lo más difícil de elaborar son los tortilleros, pues requieren de mucho tiempo y paciencia; además de que lo hace con esmero, pues le gusta la idea de pensar que será de utilidad en un hogar a la hora de comer.

Durante muchos años, doña Catalina ofertaba sus creaciones en la zona peatonal; sin embargo, con los cambios que se llevaron a cabo por parte del Ayuntamiento, la movieron a las afueras de la Central de Camiones.

Cada día inicia su jornada laboral a las 9 de la mañana y finaliza a las 9 de la noche, en la espera de algún cliente, ya sea local o visitante, que quiera llevar a casa con un regalo 100% artesanal.

Doña Catalina oferta desde bolsas, caminos para mesa, manteles, hasta tortilleros, los que elabora con gusto, pues le agrada pensar que acompaña a todas las personas que las usan y es parte de las historias más bonitas y más conmemorativas.

Para finalizar, la comerciante aseguró que siempre que pueda saldrá a vender sus piezas que hace con cariño, pues le permite tener para comer y comprarse sus cositas, por ello se siente una mujer afortunada, pues tiene trabajo y muchos jóvenes desean tener uno.