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Historias de Lobos

Mi delito... matarlos

Ivonne Nava García
~
31 de Enero del 2015 20:13 hrs
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Liga Corta




Cortesía /
En las comunidades es frecuente ver que existen familias con graves rivalidades. En muchas ocasiones estos conflictos surgen por problemas de mujeres, por diferencias con la posesión de la tierra y en otras simplemente por discusiones en estado de ebriedad.

Desgraciadamente, estos problemas muchas veces terminan con la vida de uno o varios integrantes de las familias, otros caen presos o huyen de sus localidades separándose del núcleo familiar.

Esta es la historia de un hombre que ha cobrado la vida de dos personas en diferentes hechos, todos ellos de una misma familia.

Él también ha recibido algunos disparos, pero ha sobrevivido. Esta es su versión.

Hombre de familia
“Yo me considero un hombre de familia. Tengo mi esposa de 44 años de edad. Con ella me casé bien, por las de la ley y por las de la Iglesia. La agarré chiquilla, tenía 14 años cuando me la hice mi novia y a los 16 me casé con ella.

“Para ese entonces yo tenía 19. Tuvimos cinco hijos. Ahorita el mayor ya tiene 28 y el más chiquillo 12. Ya hasta soy abuelo y así quiero que siga creciendo mi familia. La vida da vueltas y a veces le pone en el camino situaciones que uno ni se espera.

“En ese ir y venir de problemas con la ley y de buscar el sustento para mi familia fui a dar a Torreón. Ahí conocí a esta otra mujer. Mi esposa no me había querido seguir con los chamacos y uno de hombre, viviendo solo, se le hacen fáciles las cosas.

“Empecé a andar con ella y se miraba servicial; me quería atender y tenerme como Dios manda. Me encariñé con ella y le hice otros dos chamacos. Hasta ahí vamos con siete, pero ya ve cómo son las mujeres que luego luego quieren su exclusividad.

“Me empezó a presionar para que dejara a mi esposa y me casara con ella y pues ahí ya no me gustó.

Yo le había hablado claro, pero no se conformó. Me metió en muchos problemas y de una manera u otra mi esposa se enteró.

“No me desentendí de mis chamacos, incluso le dije a esta mujer que me los dejara, mi esposa los iba a aceptar. En ese momento no quiso, pero ahora ya están conmigo; los tiene mi mamá, pero así están cerca.

“Luego por las mismas broncas de ahora que dicen que me fui huido; estaba en el otro lado, allá duré casi 10 años. Allá me hice de una güera y me dio otro hijo. Ellos están allá. Mi esposa no sabía de esto hasta ahora que caí en el ‘tambo’”.

Puros problemas
“Con estas gentes hemos tenido problemas desde siempre. Son de esa gente que nada más andan buscando a quién fregar. Luego se topan con uno que no es dejado y ahí están las consecuencias.

“Mire, hace mucho, más de 30 años, uno de ellos nos fregó con el dinero para unos créditos de tractores. En ese tiempo 32 mil pesos era mucho dinero. No fuimos los únicos, se supo de otras gentes.

“A ese ya le traía ganas porque al que se fregó con el dinero fue a mi papá. Luego supimos que ese cuate era pariente de estas otras gentes con las que teníamos problemas por unas parcelas y por la siembra de unos chiles. Les rentamos las tierras y luego no querían pagar.

“Era mucho dinero porque les rentamos muchas hectáreas. Levantaron la cosecha y dijeron que nada más que les pagaran el chile nos íbamos a arreglar. Se les esperó y así nos trajeron a puros pretextos.

Se les siguió esperando.
“El problema fue cuando uno de ellos en una borrachera se hizo de palabras con mi papá y lo golpeó. De ahí ya no nos íbamos a dejar. Fuimos a buscarlo mis hermanos y yo. Nosotros no fuimos armados ni nada, pero él salió armado.

“Desde el portal del rancho nos amenazó con el rifle. Le dije que saliera, que no fuera ‘rajón’. También nos hicimos de palabras y nos tiró. Como habíamos parado la troca enfrente, alcancé a saltar para cubrirme y nos fuimos de ahí”.

El primero
“A los pocos días de eso nos los topamos de frente en el camino para el rancho. Ya sabíamos que si nos los topábamos era para matarnos. A mi viejo le pegaron con una cruceta en la cabeza.

“No lo mataron, pero mi viejo tenía casi 60 años. Iba con dos de mis carnales. Paramos la troca y yo me les dejé ir así a puño limpio. Quería golpearlo, agarrarlo como el agarró a mi jefe. Se armó la bronca y yo no supe ni cómo, pero terminó muerto.

“A mí me achacaron al muertito. Las gentes del pueblo dijeron que se habían ido a otro rancho a un baile y de ahí se trajeron a su hermano muerto. Pero acá dijeron que lo habían llevado a Fresnillo a atender de los golpes que yo le di.

“El pleito conmigo fue en la tarde. A él lo metieron al hospital ya amaneciendo. Por unas y otras solo estuve 3 años en el ‘bote’. Estaba acabado de casar”.

Siete años después
“Ya había salido del ‘tambo’ y habían pasado unos años, pero las broncas seguían con estos. Yo les traía ganas porque ese día ellos se fueron ahí bien. Estábamos mi hermano y yo en la tienda parados en la puerta. Estábamos echando chelas.

“En eso pasan dos hermanos del muertito en la camioneta plomita y nos gritan a mí y a mi hermano ‘quihubo, culeros; ahora sí, ¿no que son muy chingones? Vamos a ver quién es quién’. Yo me arrimé y les dije ‘¿qué traes?’ y me respondió ‘yo los mato a la hora que yo quiera, yo mando traer a la federal y al Ejército para que vean que conmigo no pueden’.

“Yo le dije ‘ya déjanos en paz, ¿qué todavía no llenas? Que por tu culpa me quede en la cárcel’, y me contestó ‘conmigo no pelan’. Entonces yo le di una patada y se regresó para la puerta de la camioneta y sacó una pistola y yo corrí para el otro lado de la camioneta porque él me apuntaba con la pistola.

“Cuando corrí me puse atrás del otro hermano, entonces disparó y le pegó a su hermano. No a mí. Ya de ahí corrí a la camioneta donde estaba mi hermano. Todavía cuando estaba adentro de la camioneta nos tiraron más balazos a mí y a mi hermano.

“Prendí la camioneta y me fui para el rancho y ya no me di cuenta de nada. No creí que hubiera problemas porque él le disparó a su propio hermano, de eso no se sabía nada en el rancho”.

No huyó
“Después de eso las cosas en el rancho no se componían. Se vino una sequía y me fui para Torreón. Mi vieja no me quiso seguir y se quedó en el rancho con mis papás. Yo venía cada dos o tres meses, me fui a trabajar, no me fui huyendo. También lo hice porque si seguía en el rancho, no se iban a calmar los problemas.

“Estuve trabajando comercializando, comprando y vendiendo productos del campo, nunca en todo este tiempo me metí en problemas, pero uno extraña su tierra y su gente. Ahí es cuando le digo que conocí a la otra mujer y se me vinieron más problemas.

“Pero mi familia es mi familia yo los extrañaba y sí venía a verlos. Pues ¿de dónde se imagina que tuve tanto chamaco con mi esposa? Yo no me andaba escondiendo. Pasaron casi 10 años.

“En ese tiempo también me fui al otro lado. Sí supe que se había muerto el hermano, pero yo sabía que no era mi responsabilidad.

“Cuando me detuvieron yo ya tenía aquí unos días, llegaron cuatro judiciales en una patrulla, llegaron sin presentarse utilizando armas largas, sin mostrar ningún papel. Me habían dicho en el rancho que me andaban buscando por esa otra muerte.

“Me dejaron la camioneta toda balaceada, a mí me hirieron por la espalda. Ellos mismos me subieron a la patrulla y me llevaron a una ambulancia. Me decían que me querían vivo. Duré ocho días en el hospital.

“Tengo mi recuerdo en la espalda, una cicatriz del plomazo que me metieron a la altura del omóplato, no salió y nomás me dan tantito más abajo me perfora el corazón.

“Ese recuerdo tengo de cuando me agarró la judicial. Yo no maté a ninguno, pero por los dos pagué. Yo nomás quiero que mis hijos no se involucren en esto”.

*Perito en Psicología Forense
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