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Honran a mártires agrarios

Redacción
~
31 de Enero del 2015 23:57 hrs
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Liga Corta




Fue la primera vez que en el municipio se conmemoró el 87 aniversario luctuoso de los defensores del agrarismo.
Cortesía / Fue la primera vez que en el municipio se conmemoró el 87 aniversario luctuoso de los defensores del agrarismo.
Una ofrenda floral se dejó junto a las cruces de los mártires.
Cortesía / Una ofrenda floral se dejó junto a las cruces de los mártires.
EL PLATEADO DE JOAQUÍN AMARO.- El 87 aniversario luctuoso de los héroes del agrarismo, Pedro Raygoza Villegas, Pedro Pérez Lamas, Lorenzo Pérez, Ángel Aguayo y J. Cruz Márquez fue conmemorado por vez primera en la historia del municipio.

Familiares y autoridades municipales participaron en el homenaje llevado a cabo en la plaza principal.
Antecedentes

Pedro Raygoza Villegas fue uno de los iniciadores de la lucha por el reparto de tierras.

En 1925, acompañado de otros dos compañeros de La Calera, representó al municipio de El Plateado en la Asamblea Constituyente de la Federación Sindicalista Mexicana, realizada en Jerez.

Un año después, comenzó a organizar un grupo de personas y solicitar la dotación de ejidos en el municipio y en la Hacienda de Santiago, Tabasco.

Los levantamientos de la Cristiada se realizaron el 28 de diciembre de 1926 y el 10 de enero de 1927 en Jalpa, Tenayuca, Calvillo, Villa del Refugio, El Plateado y Villanueva.

El 15 de marzo de 1926, Raygoza Villegas fue perseguido y aprehendido por el jefe cristero Teodoro Rodríguez, luego de que el terrateniente Miguel Márquez le dijera que quería despojarlo de sus tierras.

Fue rescatado por sus amigos Refugio y Pascual Flores.

El 27 de abril de 1926, Raygoza Villegas se convirtió en presidente municipal.

Su gobierno fue constantemente sitiado y carecía de armamento para defenderse.

Por ello, en septiembre de 1927 las oficinas y archivos se trasladaron al Rancho de Guadalupe, donde se podrían defender mejor con la ayuda de los vecinos y por la cercanía al Rancho del Carrizal, Jalisco, donde estaban establecidos los agraristas.

Sin embargo, estaba en terreno peligroso, pues era propiedad del terrateniente Miguel Márquez Macías.
Raygoza Villegas solicitó armamento al gobierno militar y le fue entregado en la hacienda de Víboras, en Tepetongo, el 16 de septiembre de 1927.

El choque
Al amanecer del 15 de octubre de 1927, los agraristas, al mando de Raygoza Villegas, y los cristeros, liderados por el padre José Cabral, se enfrentaron en la Mesa Alta, de El Plateado.

El segundo grupo se retiró del combate, pues llegaron refuerzos a ayudar a los agraristas.

En enero de 1928 se desató la guerra; los federales y agraristas querían terminar con los cristeros.

El fuerte enemigo saqueaba, robaba, violaba e incendiaba el bosque y los pastizales para que los caballos de los cristeros no encontraran nada qué comer.

Bajo el lema “¡Viva Cristo Rey!”, los contrarios amedrentaban a la población, quemaban casas, asaltaban y violaban a las mujeres de las rancherías.

El 22 de enero de 1928, a las 5 de la mañana, alrededor de 350 cristeros liderados por Lucas López, Candelario Villegas y el padre José Cabral, atacaron y sitiaron al Rancho de Guadalupe, donde se habían establecido las autoridades de El Plateado.

En el fortín se encontraban solo Pedro Raygoza Villegas, Pedro Pérez Lamas, Lorenzo Pérez, Ángel Aguayo, J. Cruz Márquez y Teófilo y Prisciliano Álvarez, quienes huyeron cuando el combate daba inicio.

A las 7 de la mañana cayó acribillado el primer mártir, J. Cruz Márquez.

Las defensas rurales de El Plateado no se encontraban en el lugar para hacer frente a los cristeros.

Tras horas de resistencia en el fortín, los contrarios enviaron un mensaje al presidente municipal, con el vecino Hipólito Aguayo.

Se les pedía que se rindieran; respetarían sus vidas a cambio de entregar el armamento, el parque, el dinero y los archivos. La respuesta fue no.

A las 3:30 de la tarde, el fuego siguió con más energía de ambas partes, sin embargo, a las 5 de la tarde ya les quedaban menos municiones.

Los sitiadores prendieron la puerta de la casa, que arrastró el fuego por los muebles, archivos y el techo.

Los valientes fueron obligados a rendirse y son llevados a encontrarse con su destino: la muerte.

A manera de escarmiento para los pobladores, los agraristas fueron llevados a pie, a punta de golpes e insultos, al corredero en el potrero La Palangana, muy cerca de la laguna El Zoyate, donde estaban acampados los jefes cristeros; era propiedad de Miguel Márquez Macías.

El padre José Cabral les dijo que hicieran un examen de conciencia, porque los confesaría antes de morir.

Pedro Raygoza Villegas se opuso, “Yo no me confieso con usted, pues a usted lo veo como un monstruo, si usted estuviera en su templo, cumpliendo con su ministerio, tal vez lo haría; yo estoy bien con Dios y él está bien conmigo.

“Dentro de poco yo seré un cadáver y usted el zopilote”.

A las 6 de la tarde, aquellos hombres que solamente trataron de defender la integridad del gobierno y sus archivos, fueron pasados por las armas.

El viento invernal de aquel Valle de Juanacatic recogió el último gemido de los mártires y lo llevó a todos ámbitos de la región, para que a su eco, otros hombres terminaran la obra que ellos comenzaron.

Los cuerpos quedaron tendidos en aquel lugar por dos días. No se hicieron actas de defunción para evitar represalias.

El cura amedrentó a los fieles para que no los velaran; días después ordenó que fueran sepultados en una fosa común, pero sin revelar el lugar exacto.

Nunca imaginé lo que me encontraría en unos libros de 1929, que compré hace años.

Uno tenía las actas de defunción, donde hallé la de Pedro Raygoza Villegas.

Su muerte quedó asentada en el libro 2, acta número 34, del 8 de diciembre de 1929.

Elieser Márquez
Cronista de El Plateado