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Pone policía de Guadalupe condiciones para entregarse 

Redacción
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26 de Noviembre del 2015 23:47 hrs
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Liga Corta




césar tomó el volante y chocó la camioneta contra un poste para frenarla.
Imagen / césar tomó el volante y chocó la camioneta contra un poste para frenarla.
César Adrián Rodríguez Luévano, el policía de Guadalupe que accidentalmente mató a su compañero de un balazo en la cabeza, está listo para entregarse a la autoridad judicial, siempre y cuando le garanticen que será acusado de homicidio culposo y no de homicidio doloso.

En el primer caso, la autoridad reconoce que fue un accidente; en el segundo, se le acusaría de un homicidio intencional.

Es lo único que espera. Mientras, se mantiene en la casa de unos familiares. Ahí donde llegó después de huir cuando vio el cadáver de su compañero Víctor Manuel Zapata con un tiro en la cabeza que él disparó accidentalmente.

Oprimido por la culpabilidad y los remordimientos por haber matado a su compañero, César se pasó dos días escondido en el Cerro de la Virgen. Solo el hambre lo hizo bajar a la casa de unos familiares.

Apenas el 20 de noviembre este joven policía de 21 años de edad tenía otra vida y otro futuro.

Pero ese día en la tarde recibió la orden de llevar a las candidatas a reina de Guadalupe, a una entrevista a Radio Zacatecas.

Su compañero Víctor Manuel tomó el volante de la camioneta Jeep  Liberty;  él iba en el asiento del copiloto y las candidatas en el asiento de atrás. Circulaban por el boulevard López Portillo rumbo al centro de Zacatecas a la altura del hotel don Miguel, cuando su compañero frenó bruscamente.

-Ten cuidado, pendejo, nos vas a matar, le dijo César a Víctor Manuel.

Y jugando, sacó la pistola que estaba a un lado de su asiento sin percatarse que no era la de él, sino la de su compañero, quien acostumbraba llevarla con el tiro arriba y sin seguro.

-O mejor te mato yo, le dijo bromeando y con la pistola en la mano.

En ese momento, un nuevo  frenón del vehículo provocó que se le disparara la pistola y el tiro dio en la cabeza de su compañero.

La sangre brotó a borbotones y salpicó a una de las candidatas. Las chicas gritaban aterrorizadas mientras Víctor Manuel agonizaba.

Estaban a la altura de donde se ponen los tacos Kikis.

César tomó el volante y chocó intencionalmente la camioneta contra un poste, para frenarla.

Se bajó y empezó a correr rumbo a La Peñuela, allá por el Colegio del Centro. Preguntó  dónde había un hotel y encontró un hostal donde se bañó para quitarse las manchas de sangre.

Cuando oscureció tomó un taxi que lo llevó a la Central Camionera. Sin dinero, le pagó al taxista con el celular y se dio cuenta que no completaba  para comprar un boleto de camión.

Salió de la Central, atravesó la calzada Siglo XXI a la altura de la gasolinera y empezó a caminar hacia el Cerro de la Virgen.

Ahí pasó esa noche, todo el día siguiente, una noche más y otro día. El hambre no lo dejó estar ahí y bajó a la casa de unos parientes que viven cerca de las faldas del cerro.

Ellos lo convencieron de que se entregara y ahí se comunicó con las autoridades del  municipio.

Ayer iba a estar en la Procuraduría pero le dijeron que lo acusarían de homicidio doloso; es decir, intencional. Decidió esperar hasta que el panorama esté claro. Pero no quiere huir.