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?Errores

Antonio Sánchez González
~
04 de Febrero del 2016 22:27 hrs
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Liga Corta




Los médicos estamos tiranizados por una cultura de la culpa y la vergüenza que nos impide admitir errores al tratar enfermos y revisar el modo en que trabajamos para mejorar la seguridad de los pacientes que tratamos. Se espera que los médicos nunca cometamos errores -y, si lo hacemos, la cultura va en contra de admitirlos.

Las publicaciones médicas más importantes del mundo han dedicado arroyos de tinta para discutir el asunto; por ejemplo, un informe reciente admite que más de 100 mil estadounidenses mueren cada año por errores evitables que suceden en hospitales, un total que es más que todas las muertes y lesiones causadas por la suma de accidentes de tráfico, suicidios, caídas, intoxicaciones y ahogamientos. Tanto como el equivalente a 3 o 4% del total de muertes por año en ese país. Las cifras se pueden extrapolar a todos los sistemas de salud de los países occidentales.

“Errar es humano. Todos cometemos errores”, se dice. “Es imposible ser perfecto. Esto no quiere decir que un médico debe sentirse bien cuando falla, pero hay que entender que sucede y es básicamente imposible de evitar”.

Un entorno de práctica médica basada en la intolerancia del error y la cultura de la culpa estimula la industria de los excesos que caracterizan a la medicina defensiva occidental: sobrediagnóstico, encarnizamiento terapéutico, abuso de la tecnología. Los esfuerzos para abordar el problema se han
centrado principalmente en incentivos económicos perversos de modo tal que los médicos hemos hecho caso de prácticas comerciales que crean una demanda cada vez mayor de servicios y productos sanitarios. La medicina es más costosa, aunque no necesariamente mejor.

Los médicos nos consolamos con el argumento que justifica a la medicina defensiva como una necesidad rutinaria debida a la amenaza de quejas por negligencia profesional. Científicamente, demostrado está que los médicos ordenamos pruebas innecesarias, proporcionamos servicios innecesarios, y escribimos prescripciones innecesarias a causa de nuestros temores de ser sujetos de acusaciones, legales o no, de mala práctica. La amenaza de mala práctica es tan perniciosa que la medicina defensiva ha encontrado su camino en los países que tienen leyes que no prevén que los médicos podamos cometer faltas debidas a negligencia, como Nueva Zelanda.

Los factores que impulsan esta medicina plagada de excesos han llegado a ser considerados casi fundacionales en la sociedad occidental, lo que significa que el cambio en la conducta de los médicos será difícil de conseguir.

Los esfuerzos para involucrar a los pacientes en la toma de decisiones clínicas han demostrado cierto potencial para mejorar la calidad de la atención y reducir los costos. Sin embargo, la solución a ésta práctica médica abusiva va más allá de las iniciativas que simplemente buscan ahorros económicos.

Tenemos que empezar por cambiar la cultura de la medicina, e incluso la percepción general acerca de ella. Esto nos obliga a ser más abiertos acerca de la inevitabilidad del fracaso médico y de los errores.

Es tiempo de que los médicos y el público seamos más abiertos a aceptar la inevitable presencia de la
falla humana en la práctica médica.