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La ruta de la fe
En las periferias del poder
Sigifredo Noriega Barceló 13-02-2016 00:02 hrs

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Liga Corta




Los lugares que visita este día el Papa Francisco son significativos por haber sido y ser, simbólicamente, los centros del poder civil y religioso en México. El Palacio Nacional y la Catedral Metropolitana, el Zócalo y la Basílica de Guadalupe, han tenido mucho que ver en la historia antigua y reciente del país. ¿Centros de poder? ¿Periferias? ¿Centros y periferias, al mismo tiempo? 

Depende desde qué ángulo se mire la historia, los protagonistas y las víctimas, el tiempo de esplendor y la decadencia, los vencedores y los vencidos.

En ningún momento ha pasado por la mente del Papa Francisco acudir a estos edificios emblemáticos a incensar los centros de poder y a los poderosos que lo detentan. Nos ha repetido que viene a la capital (¿?) porque en sus periferias está la casa de la Virgen de Guadalupe, a donde han acudido y acuden una multitud incontable de creyentes y turistas, hijos y madres, pobres y ricos, desposeídos y buscadores de esperanza. Viene como un peregrino agradecido que se sabe necesitado y tiene la misión de ser mensajero de paz y misericordia.

Centro y periferia se mirarán y tomarán de la mano -eso espero- entre el Palacio y el Zócalo, la Catedral y el atrio de la Basílica; entre el Palacio y la Catedral, el Zócalo y la Plaza Mariana... y la multitud que llenará las calles.

El Papa no viene a visitar edificios sino a personas concretas, en sus centros y periferias. Tanto gobernantes como ciudadanos, pastores y fieles, son seres humanos necesitados de palabras de aliento y presencias que ayuden a destrabar la enorme capacidad de reconciliación y de paz que hay en el corazón humano.

Si la fe auténtica mueve montañas, es capaz también de provocar acercamientos constructivos y colaboración entre pastores y gobernantes, ciudadanos y fieles. El Papa Francisco exhortará, seguramente, a las autoridades civiles, militares y religiosas a ser personas de paz y misericordia para tender los puentes necesarios para que la violencia, la inseguridad, la pobreza, el deterioro del medio ambiente y demás males que nos aquejan, no tengan la última palabra.