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La ruta de la fe
Encarcelar no resuelve la inseguridad, destaca
Notimex 17-02-2016 22:56 hrs

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AP / “Aquí hay seres humanos”, dijo Evila Quintana en el mensaje que representó a los reclusos del cereso número 3.
AP / A su llegada al aeropuerto.
AP / Evila Quintana abrazó fuertemente al pontífice, al terminar su discurso.
AP / La ciudad fronteriza así promocionó la visita del santo padre.
AP / Miles de personas esperaron que pasara frente a ellos para conocerlo.
AP / Un joven pinta una cruz por donde pasará el sumo pontífice.
CIUDAD JUÁREZ, CHIH.- En su visita a un centro de reclusión, el Papa Francisco advirtió que el problema de la seguridad pública no se agota solamente encarcelando y urgió a afrontar las causas estructurales y culturales de la inseguridad, que afectan a todo el entramado social.

En su primer acto en esta ciudad, fronteriza con Estados Unidos, el líder católico recorrió el Cereso número 3. A su ingreso saludó a algunos familiares de presos en un túnel interior, mientras en la capilla intercambió palabras con el personal y los capellanes del lugar.

Varios de los 700 detenidos presentes le dedicaron unos cantos antes de los mensajes dirigidos por el obispo responsable de la pastoral carcelaria, Andrés Vargas, y por la interna Evila Quintana. Siguió un intercambio de regalos, el Pontífice entregó un crucifijo de cristal, obra del maestro Pierluigi Morimanno.

En su discurso, Francisco deploró las limitaciones del modelo penitenciario actual y destacó, el “camino urgente” a tomar para “romper los círculos de la violencia y de la delincuencia”.

“A veces pareciera que las cárceles se proponen incapacitar a las personas a seguir cometiendo delitos más que promover los procesos de reinserción que permitan atender los problemas sociales, psicológicos y familiares que llevaron a una persona a determinada actitud”, lamentó.

“Ya tenemos varias décadas perdidas pensando y creyendo que todo se resuelve aislando, apartando, encarcelando, sacándonos los problemas de encima, creyendo que estas medidas solucionan verdaderamente los problemas”, añadió.

Denunció que se ha olvidado concentrarse en lo que realmente debería ser la principal preocupación: la vida de las personas y sus familias, la de aquellos que también han sufrido a causa de este círculo de la violencia.

Estableció que las cárceles son un síntoma de cómo está la sociedad, un síntoma -en muchos casos- de
silencios y omisiones que han provocado una “cultura del descarte”, un síntoma de una cultura que ha dejado de apostar por la vida, de una sociedad que ha ido abandonando a sus hijos.

Según el obispo de Roma, la reinserción no comienza dentro de las paredes de la cárcel, sino que debería comenzar afuera, en las calles de la ciudad, creando un sistema de “salud social” donde existan sanas relaciones en las plazas y en los hogares, donde se prevengan todas las acciones que lastimen a la comunidad.

“La reinserción social comienza insertando a todos nuestros hijos en las escuelas y a sus familias en trabajos dignos, generando espacios públicos de esparcimiento y recreación, habilitando instancias de participación ciudadana, servicios sanitarios, acceso a los servicios básicos, por nombrar sólo algunas”, insistió.

Dirigiéndose a los presos, les pidió no olvidar que tienen a su alcance “la fuerza de la resurrección” y de la “misericordia divina” para dejar atrás el dolor de la caída y poder rehacer la propia vida después del
arrepentimiento por los actos cometidos.

“Ahora les puede tocar la parte más dura, más difícil, pero que posiblemente sea la que más fruto genere, luchen desde acá dentro por revertir las situaciones que generan más exclusión”, los animó.

“Hablen con los suyos, cuenten su experiencia, ayuden a frenar el círculo de la violencia y la exclusión.

Quien ha sufrido el dolor al máximo, y que podríamos decir ‘experimentó el infierno’, puede volverse un profeta en la sociedad”, abundó.

La voz de un preso

Evila Quintana, una de las reclusas, aseguró ante el Papa que muchos han perdido la esperanza en la rehabilitación de los presos y recordó: “aquí hay seres humanos”.

“La mayoría tenemos la esperanza de la redención y en algunos casos la voluntad de conseguirla”, dijo en un discurso cargado de emoción, la mujer seleccionada para hablarle al Pontífice a nombre de sus compañeros detenidos.

Reconoció que la cárcel pone a prueba el espíritu y la fortaleza de la fe, porque entrar a prisión implica el aislamiento de las personas que más se aman y la distancia les hace adaptarse, poco a poco, al desprendimiento.

Confesó que cuando los internos reciben un veredicto, lo primero que hacen es llorar y manifiestan sentimientos de angustia y desesperanza, para luego hacerse preguntas, para las cuales no quieren escuchar respuestas. Entonces se sienten expuestos, vulnerables y solos.

“Su visita quedará grabada en nuestros corazones. Su amable presencia de peregrino nos llena de ilusión y alegría; pues la visita que recibe un interno se convierte en un alimento que nos nutre de fe y esperanza de pronto volver a casa y reencontrarnos con los nuestros”, agregó.

Ora con ellos

Cientos de reos cantaron mientras el Papa Francisco, a bordo de un pequeño carro de golf, realizaba un recorrido durante el que  bendecía y tocaba a los internos del Cereso.

Lució alegre y relajado mientras los prisioneros, con uniformes grises y la leyenda Cereso Estatal Interno en la espalda, se agolpaban junto a la valla para intentar que los tocara.

Dos reos músicos, llorando, se arrodillaron para besar sus manos, mientras el Papa oró con ellos y los bendijo. Luego, el Pontífice se acercó a besar a una niña y a una mujer, quien trabaja en el penal, para luego salir del reclusorio.