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Mala vida

Antonio Sánchez González
~
14 de Abril del 2016 21:32 hrs
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La esperanza de vida es más baja y la morbilidad es mayor en México que en otros países de la OCDE.

Esta situación, acentuada en la última década, no es por falta de atención médica especializada; México tiene hospitales con la mejor tecnología del mundo. Tampoco es porque se gaste poco en atención sanitaria; el gasto mexicano per cápita en salud supera con creces la inversión en otros países y el peor estado de salud de algunas minorías no explica la baja clasificación de la nación en cuestiones de enfermedad. 

El sistema de salud de México sin duda tiene deficiencias, en particular la simulada cobertura universal, pero esto por sí solo no explica la perniciosamente baja expectativa de vida de los mexicanos.

Salud es más que atención médica: el buen cuidado médico representa sólo un 20% de los resultados
globales de salud de una comunidad. Hace años que se sabe que las principales enfermedades tienen más que ver con conductas poco saludables, como el hábito de fumar. 

Los comportamientos son notoriamente difíciles de cambiar, y esto es especialmente cierto en las comunidades de bajos ingresos, donde los alimentos saludables, aceras, parques infantiles -y médicos- a menudo son escasos.

Algunos determinantes de la salud, como la atención médica y los comportamientos individuales, están influenciados por el contexto socioeconómico y las políticas públicas. Entre los principales determinantes sociales de la salud está la educación, que proporciona un camino para el empleo, mejores ingresos y habilidades sociales. Al respecto, los adultos con educación universitaria tienen sustancialmente más bajas tasas de enfermedad que aquellos que no tienen educación secundaria.

En los últimos días, se publicó en los Estados Unidos un análisis de los factores que influyen la expectativa de vida en ese país. Por ejemplo, sobre la base de la observación de más de medio millón de personas a través de 15 años, se calculó que la brecha en la esperanza de vida entre los más ricos y los más pobres está mediada por un abismo: hay 14.6 años de diferencia en la expectativa de vida entre los hombres ricos y los más pobres y 10.1 años entre las mujeres. En México no tenemos análisis parecidos, pero se puede imaginar el resultado de un modelo similar considerando que el número de pobres no ha parado de crecer.

El estudio no puede ser más oportuno. Los ingresos de los hogares en México han estado estancados durante décadas, un período en que la desigualdad creció y la clase media en peligro de extinción se convirtió en tema de discurso público. Mientras tanto, la literatura de salud pública mundial ha documentado un pronunciado deterioro en el estado de salud basado en el status socioeconómico. 

Las consecuencias negativas de tener bajo nivel de educación y pobres ingresos se han intensificado.

En los últimos 10 años, la esperanza de vida ha disminuido para los mexicanos de casi todos los niveles.

Lo anterior significa cosas muy simples: los médicos debemos tener en cuenta las circunstancias socioeconómicas en la atención de cada paciente: el código postal de un enfermo puede ser muy útil para orientar su tratamiento y los políticos deben saber que la salud no depende solamente de poner un doctor en cada pueblo.

*antonio.sanchez@integragrupomedico.org.mx