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Concretan 79 adopciones en el sexenio

Lucía Dinorah Bañuelos
~
15 de Abril del 2016 23:59 hrs
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Liga Corta




La brisa del tibio aire de las primeras tardes cálidas de primavera  provocan un tono rosado a las mejillas de la pequeña de 2 años que con la inocencia de la niñez juega en el parque.

Sus cabellos de seda, alborotados por el viento, enmarcan una carita radiante y despreocupada que solo entienden los que al igual que ella llevan la felicidad a flor de piel; el brillo de sus ojos cafés delata su alegría.

Sin perderla de vista sus amorosos padres siguen sus movimientos con una sonrisa infinita y agradecida. Milagros es todo para ellos.

Sin embargo, hace dos años y tres meses, la realidad de Milagros era muy distinta. Fue abandonada cerca de las vías del tren, en la avenida Nueva Celaya; solo una cobija ensangrentada y una bolsa de plástico la cubrían del crudo frío invernal y la pertinaz lluvia.

El cordón umbilical y una parte de la placenta que la envolvía eran la evidencia que tenía pocas horas de nacida.

De acuerdo con los partes policiacos del 31 de diciembre de 2013, la niña había sido reportada al 066 como “un bulto sospechoso” a las 7:30 de la mañana.

La policía municipal respondió al llamado y, bajo la lluvia,  descubrieron que el pequeño bulto era una recién
nacida; uno de los oficiales se quitó su chamarra, la abrigó y la llevaron al hospital.

La pronta atención médica y la fortaleza de la niña le regresaron esa oportunidad de vivir que le habían arrebatado, pues se aferró tanto a la vida que cuatro días después fue dada de alta del Hospital de la Mujer, estable y saludable.

Su destino en ese momento fue la Casa Cuna del DIF.

Tras el hallazgo, la Policía Ministerial inició las averiguaciones para dar con el paradero de la madre o de algún familiar que la reclamara.

Sin embargo se agotó el tiempo legal para ese tipo de investigaciones (seis meses)  y la pequeña fue declarada menor expósita (en total abandono), no había impedimento legal para ponerla en adopción.

Cuando Milagros cumplía 7 meses de vida fue entregada a un matrimonio que, previa solicitud y con todos los exámenes aprobados, estaban en lista de espera por un menor. Al tenerla por primera vez entre sus brazos, ese matrimonio recibió la mayor dicha que pudieron imaginar, la emoción estalló en llanto de felicidad y en su corazón germinó el amor paternal que llevaban años esperando entregar.

Récord

La adopción de Milagros es una de las 79 que han llegado a feliz término en lo que va de este sexenio (2010-2016), cifra récord según explica Griselda Basurto Dorado, titular de la Procuraduría de Protección a Niñas, Niños, Adolescentes y Familia (PPNNAF) del DIF.

Junto con las adopciones, hasta este marzo también se han llevado a término 167 reintegraciones familiares (cuando, regresan a los menores a sus hogares) y se resolvieron 47 juicios de pérdida de patria potestad.

El sexenio anterior se concretaron 32 adopciones, se recibieron 150 solicitudes y se resolvieron ocho casos de pérdida de patria potestad.

Tales cifras, explica la procuradora Basurto Dorado, ponen de manifiesto que no todos los menores que llegan a los albergues del DIF son dados en adopción.

Atrás de cada niño existe una exhaustiva investigación para determinar su situación jurídica y asegurarse de que en realidad no hay ningún familiar que lo reclame o probar que el menor carece del bienestar al que todo niño tiene derecho por las leyes judiciales y humanas para así tramitar la pérdida de patria potestad.

Y en otros casos, precisa, tras una serie de terapias y exámenes, la indagatoria concluye en que pueden ser regresados al seno familiar.
 

Candidatos a un hogar feliz

Hay tres casos específicos para que un menor sea candidato a ser dado en adopción, explicó Griselda Basurto Dorado, titular de la Procuraduría para la Protección de los Niños, Niñas, Adolescentes y la Familia (PPNNAF): cuando es declarado expósito (en abandono total); por consentimiento de la madre, el padre o ambos,  o por pérdida de patria potestad.

Para declarar a un niño en abandono total, la ley marca un plazo de seis meses para que el Ministerio Público concluya las investigaciones para buscar a los padres o familiares consanguíneos que se pudieran hacer cargo de ellos.

Un juicio de pérdida de patria potestad se inicia tras probar que quienes están a cargo de los menores no son aptos para su crianza y no hay en la familia quien los acoja.

En este caso el tiempo para que un menor “liberado” para ser puesto en adopción depende de la duración del juicio, puede tardar hasta un año o más.
 

¿Quiénes pueden adoptar?

La adopción no sólo es para las personas que por diversas circunstancias no pueden concebir y su último recurso sea ésta, sino basta con desearlo, iniciar el trámite y aprobar todos los exámenes que se aplican para saber si se es apto según los lineamientos de la PPNNAF.

Los requisitos generales son ser mayor de 25 años y estar en pleno ejercicio de sus derechos.

Sólo en 2015 la PPNNAF recibió 49 solicitudes de adopción y tenía 569 en lista de espera, hasta diciembre. Concluyó 5.

El mismo año registró 66 reintegraciones familiares y 43 trámites de reintegración de menores.

Es una ardua labor, reconoció la procuradora, quien recalcó que en la PPNNAF “se está haciendo todo lo legal y humanamente posible por el bienestar de los niños”.

Externó que son necesarias todos los exámenes previos a los solicitantes, para tener la plena seguridad de que los menores llegarán a un verdadero hogar, con padres equilibrados emocionalmente, que se ganen honestamente la vida y tengan los medios suficientes para su manutención.

Por ello, explicó, es tan larga la lista de requisitos.
 

La espera valió la pena

Érika* y Gilberto* pasaron meses que se convirtieron en años de incertidumbre ante la espera de un niño.

Pasaron ocho meses para que los declararan aptos para adoptar tras reunir toda la papelería y aprobar todos los exámenes y luego casi un año y medio esperando recibir la noticia de que había un pequeño para ellos.

El tiempo parecía eterno, explicaron, “llegó un momento en que casi ‘tiramos la toalla’ ante la larga espera”, dijo Gilberto al explicar que no es fácil esperar tanto.

Sin embargo reconoció que vale la pena y entiende que son necesarios todos los trámites y exámenes que deben hacerse, “sabemos que deben estar seguros que los niños estarán en buenas manos, lo único que yo recomendaría a las autoridades es que los hagan más ágiles, para que ni los niños tengan que esperar tanto ni quienes vamos por ellos”, dijo.

Y no solo enfrentaron dificultades administrativas. Cuando dieron a conocer a familiares y amigos su decisión de adoptar, después de ocho años de casados, con una vida prácticamente resuelta, pocos fueron los que celebraron intención.

“Hubo quien me dijo ‘¿estás loca?, para qué quieres un niño si así como estás, estás bien. No sabes en la que te mentes, las responsabilidades, los gastos…’, como si yo necesitara ese tipo de crítica.

“También pasamos incomodidades en nuestros trabajos, porque teníamos qué pedir permisos a cada rato para salir hacer trámites, ya un día a hacernos análisis otro para ir a la escuela de padres o para sacar papeles, lo bueno es que en determinado momento mi jefe se sensibilizó al saber para qué eran tantos permisos”, dijo ella.

 Pero insisten, todo valió la pena, sobre todo cuando ven a Pepe feliz jugando con sus perros, comiendo una gran hamburguesa que son sus favoritas y ayudándolo con lo de su escuela.

Coinciden en que ser padres les cambió la vida, porque para empezar no tenían experiencia con niños y al llegar Pepe con ellos no sabían cómo actuar, que decir, qué hacer a dónde ir. Eso los asustó, pero van aprendiendo junto con él.

Ahora es la luz de su casa, de sus abuelos y consentido de quienes no vieron como una buena idea el recurso de adopción.

Érika y Gilberto recibieron a su niño en la primera ceremonia de adopción masiva de ese sexenio. Entonces su pequeño tenía 3 años; este 30 de abril el pequeño cumplirá 5.

Ahora ambos dicen que debieron adoptar mucho antes.  

Afortunado

Pepe está feliz de haber encontrado una familia amorosa, tiene su propia recámara con televisión y toda la atención de sus padres.

Está consciente de que es adoptado y está agradecido de que exista la adopción, porque gracias a ella,
“Diosito va acomodando las cosas para formar familias felices. Yo no tenía papitos y mis papitos no tenían hijo, así que nos juntamos para hacer una sola familia”, explica el pequeño ante la mirada de sus padres.

Pero no todos los niños que llegan a los albergues del DIF son tan afortunados como Pepe ni todas las personas que inician el trámite de adopción forman nuevas familias.

Por diversas circunstancias algunos niños van creciendo hasta alcanzar la mayoría de edad sin ser adoptados y no todos los solicitantes terminan el trámite porque se impacientan ante la larga espera o son declarados no aptos, principalmente porque no aprueban los exámenes psicológicos.

En los albergues del DIF hay una cantidad, que no fue revelada, de jóvenes que rebasan los 18 años y permanecen bajo el amparo del gobierno, son llamados “niños institucionales”.

Según explica la procuradora Griselda Basurto, ellos no son expulsados de los albergues al cumplir la mayoría de edad, sino que se les apoya para continuar con sus estudios y, en especial en este sexenio, se ha buscado insertarlos en la vida laboral.

Cuando Érika y Gilberto decidieron adoptar, no pusieron límite de edad, sólo deseaban ser padres, “la mayoría de quienes quieren un niño, se inclinan siempre por recién nacidos o los más pequeños, pero yo recomendaría que también buscaran a los más grandecitos, también tienen amor para dar. No se van a arrepentir”, dijo él.