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Alejandro García: vida, literatura y didáctica
Alfonso Campuzano Cardona 22-04-2016 00:46 hrs

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Liga Corta




Miguel Correa / Alejandro García Ortega, doctor en Lingüística Hispánica, ha sido profesor en Zacatecas desde finales de los 80.
Archivo / Con esta novela obtuvo el Premio Nacional José Rubén Romero.
Archivo / Texto editado por el gobierno de su estado natal.
Archivo / MANUAL MUY MEJORADO DE MADRIGUERAS Y TRAMPAS. A ZAMORITA ITA ITA es la obra más reciente, presentada en 2014.
En una época muy lejana, en los años 80, tuve la fortuna de conocer al maestro y escritor Alejandro García.

En estas breves líneas es imposible relatar cómo se forjó nuestra amistad, lo que sí puedo decir es que los vínculos afectivos permanecen a pesar de los años y de las vueltas de la existencia. 

En fin, el tema de este breve texto no tiene que ver con la amistad y los afectos, sino con los aportes de Alejandro García a dos ámbitos: la enseñanza de las letras y la creación literaria. 

Me referiré en primer término a su contribución pedagógica y didáctica en la UAZ, en particular, en la Unidad Académica de Letras. Cabe recuperar una parte de la historia universitaria.

En los años 70 y 80 los procesos académicos y disciplinares se realizan, en la mayoría de los casos, desde la cultura de la oralidad, es decir, la producción de ideas y de perspectivas epistemológicas, teóricas y pedagógicas no se plantea a través de textos escritos.

En 1987 se funda la Escuela de Humanidades. Aunque algunos de los fundadores participan en el campo literario zacatecano con sus producciones poéticas y narrativas, el peso de la cultura oral universitaria domina el ejercicio disciplinar de las ciencias humanas. 

Alejandro García ingresa a Humanidades en 1991, después de trabajar en la Preparatoria de la UAZ durante algunos años.

En muy poco tiempo la perspectiva sobre el ejercicio disciplinar, por lo menos en el área de Letras, se modifica a través de las estrategias didácticas impulsadas por Alejandro García.

En sus clases no se trata de mostrar los conocimientos literarios y teóricos a través de largos discursos orales, sino de exponerlos en ensayos de tintes creativos o académicos, dependiendo de los intereses y preocupaciones de los alumnos.

El ejemplo comienza con él, en cada clase, Alejandro exterioriza sus ideas por medio de ensayos de excelente factura literaria. Los alumnos entienden la estrategia y formulan sus ideas por escrito. A partir de la separación de la entonces Facultad de Humanidades, la Unidad Académica de Letras conserva la cultura escrita, incluso, se vuelve un componente de su identidad.

Poco a poco, los docentes articulan sus clases sin perder el horizonte de la escritura. No hay docente, egresado o alumno de Letras que no conciba que el ámbito del lenguaje y de la literatura se configura, en gran medida, por la palabra escrita. Una frase sintetiza la idea: si se escribe bien, se piensa bien. 

Es oportuno señalar otro aporte académico de Alejandro García. En aquellos primeros años de la Facultad de Humanidades, en el área de Letras, los acercamientos a literatura se basan en la perspectiva teórico-metodológica historicista, perspectiva que propicia una actitud contemplativa, en la que las obras literarias son vistas como documentos o monumentos de la tradición literaria. Alejandro cambia el horizonte, sus interpretaciones, sus lecturas, surgen de sus experiencias vitales, literarias y culturales.

Con las clases y los ensayos de Alejandro García, los alumnos captan que la lectura es una interacción o transacción que se produce entre los lectores y las obras. No hay comprensión de la literatura sin experiencias vitales; no hay rigor interpretativo sin pasión y no hay vida con obras muertas.  

Caben ahora unas palabras en torno a sus obras literarias.

Alejandro García ha escrito ensayos, cuentos y novelas. No es fácil ubicar su poética en el campo literario mexicano. Sus textos narrativos se configuran con la articulación de distintas tradiciones literarias.

Sus cuentos y novelas descolocan a los lectores más avezados, su compleja estructura y su densidad semántica requieren de un ejercicio de lectura e interpretación minucioso con el fin de desentrañar los distintos niveles de significado.

Una hipótesis: si se desea asimilar el sentido profundo de sus textos, es necesario vincular sus preocupaciones ensayísticas y los mundos desplegados en sus narraciones.

Así, es posible descubrir, por un lado, las tradiciones literarias que interactúan en sus textos, por otro, los temas que conectan con las experiencias vitales de Alejandro García.

Una afirmación debo hacer: en su narrativa no hay nada gratuito. No es un escritor que experimenta para mostrar sus talentos narrativos y retóricos, no, emprende esas tramas complejas para poder significar sus temas: la nostalgia y el dolor por lo perdido.

Un último comentario: si uno desea entender las últimas décadas del siglo 20 y los primeros años del siglo 21, es oportuno leer las novelas y cuentos de Alejandro García. El mundo es el barrio, el Coecillo es la vida.

*Docente de la Unidad Académica de Letras