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El Día del Señor

?El mandamiento nuevo del amor cristiano

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
~
23 de Abril del 2016 19:30 hrs
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Liga Corta




El amor ayuda a formar personas en el evangelio, que dan testimonio de una fe auténtica.
Cortesía / El amor ayuda a formar personas en el evangelio, que dan testimonio de una fe auténtica.

Introducción

El mundo actual en el que vivimos, presenta una fisonomía bastante difícil y compleja, para quien quiera vivir con profundo sentido de verdad y autenticidad. 

La humanidad vive desarrollando dimensiones de su existencia con luces y sombras. La cultura de nuestros tiempos manifiesta valores positivos, pero también contravalores que ponen en juego nuestra presencia en la tierra para que sea válida y fructífera.

Todos y cada uno al nacer tenemos una vocación para desarrollar los propios talentos, tanto en lo personal como comunitariamente. Los avances en las ciencias que favorecen enormemente la existencia, nos descubren muchos caminos positivos y favorables para la realización individual y comunitaria.

Pero también experimentamos, guerras, odios, luchas sin fin en las cuales se manifiestan el desamor y el egoísmo que han hecho muy difícil y a veces imposible la sana convivencia entre los pueblos y naciones.

En este quinto domingo de Pascua, nuestra Iglesia Católica nos invita con la Palabra de Dios que proclama, para que la asimilemos y demos testimonio coherente de ella en el hogar, la vida civil, cultural y desde luego, religiosa.

Estamos llamados a redescubrir y hacer muy nuestro “el mandamiento nuevo del amor a Dios”, por encima de todas las cosas de este mundo y ordenadamente para con nosotros mismos y para con nuestros semejantes sin acepción de personas. Reflexionemos, meditemos y pongamos en práctica “el mandamiento nuevo del amor cristiano”.

El amor a Dios y el amor a los hermanos, centro irradiante de nuestra religión cristiana católica

El evangelio de San Juan de esta eucaristía nos revela: “Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como Yo los he amado, y por este amor conocerán todos que ustedes son mis discípulos”.  

Amar a Dios por encima de todas las cosas y por este gran amor poder amar a nuestros prójimos sin distinción de razas, culturas, modos personales de ser y vivir a lo largo y ancho de nuestro planeta.

¿Dónde?..., en nuestras familias, nuestros pueblos y naciones; en nuestros modos de ser y vivir, más allá de las fronteras de nuestras patrias, buscando siempre la paz, la concordia, la justicia en todas su formas con la participación de bienes y valores materiales, económicos, civiles, espirituales y morales.

Ejercitando la misericordia y el perdón como nos enseña nuestro querido Papa Francisco, ejemplo viviente en la práctica y la enseñanza personal del amor a Dios y a todos los hombres.

Tengamos muy en cuenta que Jesucristo ha predicado con su testimonio y ejemplo, por esto puede ponerse como auténtico modelo a imitar y seguir, desde luego con don de su gracia, porque sin él nada podemos hacer.

Aspectos imprescindibles en el ejercicio del mandamiento nuevo del amor cristiano


Es deber preguntarnos ahora: ¿Seremos cristianos de tal manera que demos testimonio y ejemplo inspirador en la asimilación y la práctica de “este mandamiento nuevo del amor que Jesús nos enseña y nos pide?”. 

Podemos responder de las siguientes maneras o modos de vivir este mandamiento nuevo, porque sin él, nada seremos al querer dar razón de nuestra verdadera y auténtica fe como cristianos seguidores de Cristo, con pensamientos, palabras y obras.

Sólo nos diferenciaremos de los demás si amamos a nuestros prójimos sirviéndoles, perdonándolos, dedicándoles nuestra atención, nuestro tiempo y recursos que podamos compartir; comprendiéndoles en sus penas y alegrías; desterrando de nuestro estilo de ser y actuar, la soberbia, el orgullo, el menosprecio, el desdén y la prepotencia, la desconsideración y el olvido; practicando en pocas palabras las obras de misericordia corporales y espirituales que debemos siempre tener en cuenta para ser testigos del amor de
Cristo en nosotros y para los demás, como Jesús se ha entregado en la cruz para darnos el premio de su resurrección gloriosa.

Conclusión

El amor que Cristo nos preceptuó es un amor en perenne estado de misión al mundo en el que vivimos, para crear comunidades y ayudar a formar personas a la luz del evangelio que practiquemos. 

Definitivamente, este será el aval de la autenticidad, de muestras eucaristías y toda nuestra manera de ser cristiana y por supuesto, evangélica al estilo de Jesucristo, para ser como él mismo nos inculca: “Sean perfectos como mi Padre celestial es perfecto” (Mt 5, 48).


Obispo emérito de Zacatecas