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?Prototipo de docente

Huberto Meléndez Martínez
~
16 de Mayo del 2016 20:51 hrs
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Liga Corta




Al maestro Juventino Gallegos García,
por su gran estatura profesional.

Con una mochila al hombro portando unos cuantos cambios de ropa, un par de zapatos tenis y los documentos que lo acreditaban como licenciado en Pedagogía en el área de Tecnologías, especializado en la enseñanza de la agricultura, además de una cantidad incalculable de ilusiones por estar iniciándose en el campo laboral, llegó a aquella pequeña ciudad para impartir clases a jóvenes de secundaria del estado de Michoacán.

Algunas circunstancias le habían favorecido, pues dos egresados de su misma institución eran originarios de ese lugar. En atención a ello, una de las familias le proporcionó hospedaje y alimentos durante un año.

Explorar este nuevo horizonte le pareció menos incierto de cuando estudió la primaria, caminando varios kilómetros diariamente y a veces cruzando a nado un río crecido, abriendo brecha en su familia, careciendo de la madurez para caminar hacia lo desconocido.

Las buenas calificaciones, su determinación por ser alguien en la vida permitieron obtener una beca en el Centro de Bachillerato Tecnológico Agropecuario en Río Grande, Zacatecas, distante a más de cinco horas de su lugar de origen.

Su habilidad en el basquetbol había abierto caminos hacia la popularidad en las escuelas siendo seleccionado del plantel. Jamás imaginó que esa destreza le colocaría entre las preferencias de sus estudiantes. Aplicó sus conocimientos de disciplina, práctica, perseverancia para compartirlos con el alumnado a su cargo.

Era bueno para impartir clases, lo cual le permitió pensar que la disponibilidad de otras cualidades como el respeto, la paciencia, la convicción, la solidaridad con el vulnerable, la atención especial con los rezagados académicamente, la personalidad de contribuir a un sano clima laboral en la escuela, la convivencia con la comunidad aplicando las bases académicas obtenidas en la escuela Normal, podían convertirlo en un verdadero maestro.

Sin haber recibido sueldo por su trabajo durante ese año, pues el expediente había sido extraviado, la movilidad magisterial lo colocó en otro pequeño pueblo del estado de Zacatecas. En lugar de desanimarlo, esta experiencia ayudó a fortalecer sus convicciones en la docencia, a mostrar su calidad y capacidad profesional. Ello también reavivó su espíritu solidario con otros colegas y con las atenciones de la familia que le dio alojo como su involuntario hijo adoptivo.

Mostró avidez para adquirir experiencia, aprendiendo danza folclórica, declamación coral, oratoria, canto, tablas gimnásticas, organizar desfiles, realizar campañas de desarrollo escolar y comunitario, fomentar la lectura, realizar torneos deportivos, dedicar muchas horas extras por las tardes y en los fines de semana. 

Las autoridades educativas pronto advirtieron sus cualidades. A los tres años de docente, ascendió meritoriamente a mandos intermedios. A los cinco años adquirió una responsabilidad mayor: dar asesoría pedagógica a la comunidad estatal de profesores en servicio, mientras cursaba la especialidad de matemáticas en cursos de verano.

Por su probidad y honradez, inherente a los docentes, temprano llegó a ser un educador completo, en toda la extensión de la palabra.