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?Heterofobia

Juan Carlos Ramos León
~
29 de Mayo del 2016 22:40 hrs
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Liga Corta




Bien, ahora sí me voy a quemar el cartucho de plantearlo así: estoy siendo discriminado.

Discriminado, primero, por aquellos que promueven el homosexualismo como una forma orgullosa de vivir.

Discriminado, después, por aquellas autoridades que no han tenido las agallas de enfrentar esta situación como es y que han cedido a presiones internacionales y de grupos que hacen mucho ruido no por constituirse de muchas voces sino porque gritan muy fuerte.

Discriminado por quienes, en su indiferencia y a veces ignorancia, prefieren simpatizar con estas minorías porque los principios que yo promuevo les parecen aburridos, pasados de moda, intolerantes e, irónicamente, discriminatorios.

Discriminado porque no puedo hacer un comentario, ateniéndome a la libertad de expresión, a favor de mis propias convicciones, sin ser considerado “homofóbico”.

Discriminado porque, al salir a la calle, prefiero voltear la cara y tapar los ojos de mis hijos cuando a plena luz del día nos topamos sin quererlo con el exhibicionismo promiscuo que impera en los desfiles y manifestaciones de lo que han llamado el “orgullo gay”.

Lo he manifestado y lo reitero: no tengo nada contra los homosexuales. Deben de ser comprendidos y apoyados en tanto que son personas, con exactamente la misma dignidad que cualquier otra, no más, no menos. Estoy en contra de quienes promueven el dar rienda suelta a conductas contrarias a la naturaleza heterosexual del ser humano de una forma tal que no merecen otro calificativo que el de heterofóbicos.

Y es que se han desatado en tal persecución de quienes no pensamos como ellos que se han convertido en exactamente lo que durante tantos años criticaron: unos auténticos intolerantes.

Yo creo que es tiempo de que quienes estamos a favor de la heterosexualidad salgamos del “clóset” de nuestra pasividad y detengamos esto de una buena vez. Nuestro país es grande porque siempre se ha caracterizado por ser fiel a sus raíces, a sus tradiciones, y por ello ha sido modelo para el mundo entero.

Pretender pintarlo con un arcoíris por subirlo al barco de la “modernidad” es un error que amenaza con dejar graves consecuencias.

Quien se queda callado es cómplice.