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Cuando Dios llama

Lucía Dinorah Bañuelos
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13 de Junio del 2016 22:11 hrs
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Liga Corta




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“ A través de la vida te encuentras con Dios y hallas la felicidad, esa que buscabas y no quieres quedarte con ella solo para ti, sino que la quieres compartir ”
Gabriel García Loera  / Seminarista zacatecano
Archivo / “ A través de la vida te encuentras con Dios y hallas la felicidad, esa que buscabas y no quieres quedarte con ella solo para ti, sino que la quieres compartir ” Gabriel García Loera / Seminarista zacatecano
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El sitio que hoy ocupa el Museo Manuel Felguérez fue el primer edificio pensado específicamente para el seminario.
Archivo / El sitio que hoy ocupa el Museo Manuel Felguérez fue el primer edificio pensado específicamente para el seminario.
Interior del Obispado.
Mariana Hernández / Interior del Obispado.
Una de las sedes fue el edificio que hoy ocupa el Obispado.
Mariana Hernández / Una de las sedes fue el edificio que hoy ocupa el Obispado.
Dese hace poco más de cinco años Gabriel García Loera supo que su vocación era servir a los demás mediante la vida consagrada a Dios y a la Iglesia Católica.

No fue repentinamente, sino que hubo varios ”momentos” en los que sintió el llamado, según explica con un sonrisa de oreja a oreja y un brillo especial en los ojos que delata su felicidad y paz interior.

Él es un joven de 26 años que actualmente se prepara para ser sacerdote en el Seminario Conciliar La Purísima.

Hace seis años estaba en la universidad estudiando para ser ingeniero industrial y trabajaba en una tienda de abarrotes. 

Sabía que le faltaba algo en su vida, pero desconocía qué era. Lo supo el día que fue a un grupo pastoral juvenil, ahí se enteró que la vida religiosa no es aburrida, no es darse golpes de pecho todo el día ni azotarse la espalda con un látigo.

Descubrió que hay “muchas cosas que se pueden hacer al servicio de los demás que dejan gran satisfacción”, dice.

“A través de la vida te encuentras con Dios y hallas la felicidad, esa que buscabas y no quieres quedarte con ella solo para ti, sino que la quieres compartir”, explicó el joven seminarista al expresar que “muchas veces la felicidad mundana”, no es suficiente.

Su madre ya sospechaba que tenía vocación religiosa, no se sorprendió al saberlo, pero su padre sí.

“Lo primero que me dijo fue: ‘búscate una novia’, pero yo ya había tenido novia, no era eso… a los seis meses se dio cuenta que era mi vocación y ahora también me apoya totalmente al igual que mi madre y mis hermanos”, afirma.

La vida en el seminario, explica, es muy parecida “a la vida allá afuera”, solo que los estudiantes permanecen internados en su escuela y tienen actividades organizadas durante todo el día.

Por la naturaleza de su preparación hace oración, asiste a misa y reza el rosario todos los días, pero también hace deporte, juega ping pong o billar, escucha música, lee, asiste a clases y participa en actividades recreativas. No se desconecta del mundo, refiere.

Lo más difícil del proceso es al principio dejar a la familia, “pero en el matrimonio también se deja a la familia”, reflexiona. 

Consciente de que tomar una decisión que es para toda la vida no es fácil, invita a los jóvenes a no temer al compromiso, a darse la oportunidad de conocer qué es el seminario y saber que el matrimonio o la soltería no son las únicas opciones de vida que existen.

Gabriel García Loera se ve a sí mismo dentro de cinco años como un sacerdote alegre, entregado a la gente, “porque a la gente servimos y nos debemos”, se ve como un hombre que renuncia a sí mismo por el bien de su semejante.  

Semana vocacional

Para promover las vocaciones religiosas y sacerdotales, desde hace 53 años a nivel mundial se celebra la Semana de las Vocaciones, para orar por éstas, descubrir nuevas y pedir la solidaridad de la gente generosa para la formación de hombres y mujeres que se entregan a la vida consagrada. 

La Diócesis de Zacatecas se unió a la celebración hace 35 años, explica el padre Carlos Pinedo Valenzuela, coordinador de la Pastoral Vocacional; este año fue en abril. 

El padre acepta que hay una crisis de vocaciones en la diócesis, faltan sacerdotes y religiosas, por eso es que se trabaja todo el año en ello con campamentos y jornadas que llevan a quienes sienten el llamado al preseminario, que es como el curso propedéutico de la universidad, con miras a que ingresen al seminario.

También se promueve en las escuelas que, donde a pesar de que la educación es laica, ante la crisis de valores “somos muy bien recibidos por los directores y damos una pequeña plática a los alumnos. Sí ha habido respuesta”, refiere el sacerdote.

Pinedo Valenzuela afirma que no hay límite de edad para descubrir la vocación, ésta se presenta en distintas etapas (infantil, adolescentes y en la juventud), por ello hay jóvenes de 15 años que ya estudian en el Seminario Menor la preparatoria, con materias netamente académicas reconocidas por a UAZ y de ahí pasan al Seminario Mayor.

Los que ya cursaron la preparatoria entran directamente al Seminario Mayor, donde se les ofrece una formación humana, intelectual, espiritual y pastoral; si inician desde la primera etapa son 12 años de estudio o nueve, si va directo a la siguiente.

La formación sacerdotal cuesta igual que una licenciatura, se estima que en cada estudiante se gasta entre 3 mil y 4 mil pesos al mes entre alojamiento, comidas, libros y maestros.

Aunque se pide una cuota de recuperación de 750 pesos, no todos la pueden dar, por ello son tan importantes las donaciones para el sostenimiento del seminario. 


Gratificante noticia, ordenación de sacerdotes

En estos meses se ordenarán 11 diáconos, de los 120 alumnos que reciben su formación en el seminario, asegura el padre Marco Antonio Castañeda Haro, rector del instituto religioso.

Una vez ordenados, explica, el obispo Sigifredo Noriega Barceló les designará una parroquia donde colaborarán como vicarios o ayudante del cura. 

Este fin de semana la Diócesis recibió dos nuevos sacerdotes: Gustavo Viramontes Ortiz y Édgar González Castro.

La noticia de la ordenación causa suma alegría, puesto que el índice de deserción es elevado; según cálculos del rector solo el 10% de los estudiantes del seminario llegan hasta el final. 

Las causas son diversas, pero Castañeda Haro dice que son más de actitud que académicas, aunque advierte que para ser sacerdote es ineludible que aprueben todas las materias, ya que algún día deberán
dar consejo, confesar y guiar a los feligreses. 

Por  ello es tan necesaria la base intelectual que adquieren en el seminario, además del respeto y amor a Dios y a la Iglesia, que es donde están todos sus miembros. 

Cada semestre, explica, los seminaristas llevan al menos siete materias filosóficas, teológicas, de caridad pastoral, celibato; terminan sus estudios y salen con el ministerio de acólitos.

Luego se preparan para ser diáconos y presbíteros. El ministerio que sigue, dice el rector, es el episcopal (obispos, arzobispos, Papa).

Los estudios del seminario no son reconocidos por el Estado, por lo que, a cuenta de cada seminarista o sacerdote, cursan licenciaturas que generalmente son de Humanidades, pues es la rama que estudiaron.

Actualmente  se trabaja en un convenio con una universidad de Michoacán para que los estudios de los seminaristas tengan validez oficial, adelanta el rector Castañeda Haro. 

No todos pueden ser sacerdotes

A pesar de la crisis de vocaciones sacerdotales, no todos los que dicen sentir “el llamado” pueden serlo. 

El padre rector explica que el ingreso al seminario no es solo querer y ya, sino que los aspirantes deben pasar una serie de filtros que garanticen su salud física y mental, su capacidad intelectual y sus actitudes. 

Deben pasar satisfactoriamente una entrevista personal y los candidatos deben tener bien definida su identidad masculina. 

Para ello, refiere, sirven de mucho los campamentos y jornadas vocacionales, pues desde ahí se observa cómo se desenvuelven los jóvenes, sus actitudes y aptitudes. También es necesaria una carta de recomendación de su párraco.

Durante su formación, continuamente son evaluados por un grupo de psicólogos que les imparten también diversos temas y si en el transcurso de sus estudios es detectado cualquier trastorno mental, son dados de baja.

“Se les ofrece apoyo psicológico si lo requieren. Lo toma quien desee”, aclara el padre Castañeda Haro.

La continua evaluación psicológica sirve también para detectar conductas reprochables, como la de los pederastas.

Si se descubre que algún estudiante tiene esta tendencia, de inmediato se le da de baja y “se hace un informe que se envía a todos los seminarios para que no sea aceptado”.

El sacerdote invita a los fieles para que desde el seno familiar oren y promuevan el amor por las vocaciones sacerdotales.