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De niñas traductoras a profesionales bilingües
Raquel Venado 14-06-2016 20:56 hrs

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CHICAGO, ILLINOIS.- Patricia Ramos, Pilar Canchola y Sally Rodríguez no se conocen, pero tienen dos cosas en común: acaban de culminar sus estudios en Columbia College Chicago y son primera generación méxico-americanas.

Como la mayoría de los migrantes, los padres de las tres nuevas profesionales dejaron México en busca de mejores oportunidades.

Los de Ramos fueron a El Paso, Texas, mientras que los de Canchola y los de Rodríguez llegaron a Chicago.

Ramos, Canchola y Rodríguez crecieron con el español como primer idioma.

A las tres jóvenes les desagrada la manera en que los medios de comunicación representan a México, la tierra de sus padres. 

“Sí, hay violencia, pero hay violencia en cualquier ciudad o país. No hay más que en Chicago que es el número 1 murder capital (capital del crimen), dijo Canchola.

Ramos reniega que en las películas a los latinos se les presenta como personas de menor categoría.
Por ejemplo, Canchola dice tener una relación amor-odio con el papel que tiene la colombiana Sofía
Vergara en la serie de TV Modern Family.

Amor, porque es una mujer hispana en la televisión, y odio por la manera en que destacan su cuerpo y el hecho de que no sabe hablar (bien el inglés). “Es como si le quitaran el cerebro”.

Recién graduada de la universidad, Ramos quiere dedicarse a producir sonido para medios audiovisuales y películas de cine y televisión.

Canchola, quien estudió Guión y Actuación de Comedias (Comedy Writing and Performance en inglés), ha participado en la creación de revistas web y actualmente escribe guiones que representan a mujeres inteligentes.

Y para Rodríguez, cuya especialidad es el diseño gráfico, quiere dedicarse a servir al mercado latino y eventualmente obtener la certificación de traductora de inglés y español.

Todo esto gracias al bilingüismo de estas muchachas.
 

Patricia Ramos

Tiene 23 años, describe a El Paso como un lugar en el que se habla mucho “spanglish”. Sus padres no hablan inglés porque la mayoría de las personas que conocen en El Paso usan el español.

Su madre ha tomado clases de inglés, pero entiende sólo algunas palabras. Su padre tiene un negocio de ropa; sin embargo no maneja fluidamente el inglés.

Cuando necesita hablarlo, su padre utiliza diferentes métodos: cuenta con la ayuda de alguno de sus familiares o utiliza traductores en línea.

Cuando salen de vacaciones, son Patricia y su hermana las encargadas de traducir. “Yo siempre les digo que aprendan”, dice Ramos. “Todo sería más fácil”. A ella le gusta saber hablar dos idiomas porque puede comunicarse con más personas. 

Siempre que va de visita a Texas, aprovecha para ir a México.

Pilar Canchola

Tiene 22 años, creció en Chicago, pero a los 10 años se fue con sus padres a vivir a Celaya, Guanajuato.

Su madre es residente de Estados Unidos y su papá es ciudadano, pero quisieron volver a México para poder hacerse cargo de los ranchos que tiene la familia en Celaya.

Pasados dos años, sus padres la hicieron regresar a Chicago a vivir con su hermana.

“Me sentí más fuera de lugar viniéndome de México a aquí que cuando me fui a México”, dijo la joven. Canchola.  Durante esta etapa, no consideraba que fuera importante saber hablar dos idiomas porque ninguno de sus amigos hablaba español.

Fue hasta que se mudó a Texas a los 17 años y tuvo su primer trabajo en Macy’s  que se dio cuenta de la importancia de ser bilingüe. 

“Cuando empecé a trabajar y entraba gente a la tienda que no hablaba inglés, yo les podía ayudar y me daba gusto poderles hacer su visita más fácil”, dijo Canchola.

Sally Rodríguez

De 21 años, creció en La Villita, uno de los barrios mexicanos en Chicago.

Su madre no sintió la necesidad de aprender inglés, ya que la mayoría de la gente que vive en La Villita habla español.

Por el contrario, su padre trabaja en un yonque (depósito de chatarra) de carros y aprendió a hablar inglés por necesidad, pues allí casi nadie habla español. 

Rodríguez dice ser la traductora de sus padres desde que tenía 4 años, lo cual considera una responsabilidad muy grande para una niña. 

“Yo no sabía leer a los 4 años, pero gracias a Dios, siempre había un traductor o alguien bilingüe que ayudaba a mis padres en situaciones más serias”, dijo.