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Reflexiones
Agradecimiento en familia
Isabel Orendain 28-11-2013 20:30 hrs

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Liga Corta




Cortesía / El reconocimiento hacia un ser querido inicia en la familia.
Actualmente las personas sentimos que nos merecemos todo. Cómo puede cambiar la dinámica de la familia y del matrimonio cuando en la familia agradecemos de corazón tanto con palabras como con actitud.

El ser humano necesita reconocimiento y en la familia es el primer lugar en donde debe de existir. Te pido un minuto de reflexión, y piensa, como esposa, ¿le agradeces a tu esposo que salga a trabajar, su sacrificio de levantarse temprano?, ¿que te lleve el dinero de la quincena, que te ayuda en las tareas de la casa?

Tú como esposo, ¿le agradeces a tu esposa sus desvelos con los niños?, ¿y la comida que hace diariamente?, ¿las tareas de la casa: planchar lavar, tener la ropa limpia, los baños limpios, etcétera? A sus hijos, ¿les enseñan a decir gracias cuando acaban de comer?, ¿y cuándo les compran algo? Si has reflexionado y te diste cuenta de que no, ¡hoy es tiempo de empezar!

Reflexionar antes de hablar
El matrimonio como cualquier relación humana tiene sus épocas; hay tiempos de felicidad, de tensión, de discusión. No pienses que tu matrimonio es único, todos pasamos por eso.

Hay que reflexionar antes de hablar cuando estés en una discusión. Si no reflexionas y no filtras tus pensamientos, salen una serie de ofensas que luego te arrepientes de que las dijiste.

Nadie es tan comprensivo a la hora de discutir que piensa que el otro no está reflexionando, que lo está diciendo sin querer. Hay que tener mucho dominio para no ofender, no es fácil, pues en una discusión o enojo  pocas veces estás consciente de lo que estás diciendo.

Nadie quiere acabar con su matrimonio, pero estas discusiones lo van deteriorando. Cuando empiece la discusión haz un alto, respira profundo, toma el control y piensa, antes de que lo único que salgan sean ofensas de las que al instante te vas a arrepentir.

Agradecimiento
Cuando uno organiza una fiesta, ya sea boda, cumpleaños, primera comunión, etcétera, son semanas y a veces meses de preparación.

Como padres hay que enseñar a nuestros niños y también a nosotros mismos a valorar lo que nos ofrecen en esas fiestas.

Hay que pensar que el que la hace da lo mejor que puede, y muchas veces con sacrificios.

No es posible que además de que nos invitan, salgamos renegando: “no, que mala la música, “no, que fea la comida”, “mamá, los bolos están horribles”…  

Recordando el dicho “es de buen nacido ser agradecido”, nos preguntamos qué tanto somos agradecidos, no solo con los que nos invitan a las fiestas, sino con las personas de intendencia, con los veladores del edificio, con el cartero, con el que me pone la gasolina, con la que me ayuda en la casa.

Si no lo has hecho, hoy es tiempo de empezar y de también enseñar a tus hijos a ser agradecidos con todos.
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