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Amados y seguros Juan Carlos Ramos León
Juan Carlos Ramos León 08-12-2013 22:00 hrs

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Recientemente he escuchado algunas noticias que me han dejado helado y no tienen nada que ver con el ingrato clima que nos castiga. Se trata de diversos sucesos en los que niños y niñas son golpeados por otros niños hasta quedar algunos de ellos en coma o gravemente afectados física y emocionalmente.

No, estos lamentables acontecimientos no han tenido lugar en tribus salvajes u otras comunidades aisladas de la civilización; ocurrieron en instituciones educativas de nuestro país, de esas a las que a veces acuden los “maestros” a dar clase, y que se supone que tienen cuerpo directivo, con prefectos de disciplina y toda la cosa. ¡Ah! Y los golpeadores no fueron elementos de una pandilla que se brincaron la barda y se metieron a cometer la fechoría: se trató de alumnos matriculados en las propias instituciones, con uniforme y útiles escolares, nombre, apellido e historial académico, es decir, personitas a quienes alguien en su casa despertó, vistió, les dio de desayunar, los peinó y los llevó -o por lo menos los encaminó a- la escuela en donde fueron bien recibidos.

Se ha puesto de moda el término “bullying” para definir estas terribles conductas que suelen darse de forma repetitiva hacia el mismo sujeto por parte de otro o de un grupo. Y si bien el famoso “bullying” es algo que ha existido durante mucho tiempo nunca como ahora había alcanzado extremos tan alarmantes en cantidad de hechos y en la gravedad de los mismos.

¿Qué hay detrás? Yo creo que detrás de todo esto hay niños inseguros debido a la falta de amor. Inseguros tanto el agresor como el agredido. Falta de amor por ausencia física de quienes lo proporcionen (uno o ambos padres) o por la irresponsabilidad de los mismos al no prestar la debida atención a sus hijos.

Los seres humanos necesitamos afecto, sobre todo en los primeros años de vida. La falta de afecto puede ser la explicación a muchas cosas negativas que ocurren todos los días en nuestra sociedad, empezando por el “bullying”. Dos niños son enviados a la misma escuela, ambos provienen de familias de niveles socioeconómicos similares, uno evidencia su inseguridad a través de un defecto físico (en la vista o el habla, por ejemplo) y el otro evidencia su inseguridad aprovechándose de ese defecto para sentirse superior y compensar acosándolo física o psicológicamente.

Los padres -o sus tutores, a falta de éstos- debemos de hacernos presentes en la vida de nuestros hijos. Hay que abrazarlos, alentarlos con palabras, hacerles sentir que son importantes, incentivarlos a soñar y enseñarles a luchar para que vuelvan realidad sus sueños; hay que llenarlos de amor propio todos los días y ayudarlos a darle buen cauce. Esta tarea es una responsabilidad irrenunciable e inherente al hecho de haberlos traído al mundo. Amarlos es volverlos seguros.
 
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