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Año difícil 
Ricardo Gómez Moreno 07-01-2014 21:10 hrs

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Liga Corta




La tentación periodística de desentrañar presente y futuro dificulta mucho escribir el primer artículo de opinión de un año que por sus cambios y dificultades es impredecible.

¿Cómo intentar un análisis objetivo con hechos que vertiginosamente se suceden uno tras otro y van configurando situaciones más complicadas que las del año pasado?

Hoy, cuando el país está atrapado en una nueva etapa de su prolongada crisis económica y social, y al mismo tiempo es bañado por olas de desbordante optimismo oficial, expresado en campañas mediáticas casi increíbles, el pueblo mexicano está desconcertado y temeroso.

Supondríase que por los golpes económicos tan severos que sufren ya desde el 1 de enero las familias, estallarían brotes de inconformidad social. Por mucho menos otros países, incluidos algunos de elevado desarrollo económico, se han incendiado.

Nos pasamos más de dos sexenios vociferando de los últimos de los 70 años de gobiernos priístas: antidemocracia, autoritarismo, corrupción, injusticia social, retraso económico, saqueo, pérdida de la soberanía económica y alimentaria, y en las primeras elecciones después de la malhadada alternancia, la mayoría de los mexicanos expresó su desencanto: ¡no más desgobierno, fuera el PAN! Y votó mayoritariamente por el partido al que antes acusó de lo sucedido al final de sus siete décadas.

Es ya 2014 y estamos sin saber qué vendrá, pero suponiendo que algo muy fuerte cambiará radicalmente la situación.

A lo mejor la mayoría llega a creer que efectivamente, como lo dice la insistente propaganda del gobierno federal, con la reforma educativa los maestros estarán más contentos, la educación será mejor, las escuelas ya tendrán todos los servicios públicos en pleno y eficiente funcionamiento, y esto será gratuito para todos, incluidos los padres de familia que hasta ahora han pagado el costo del mantenimiento de las escuelas.

Sí, a lo mejor baja el precio de la electricidad; el gas, ¡aleluya! costará menos y nunca escaseará. Con tanta inversión extranjera que llegará, habrá más empleos, de tal suerte que disminuirá la llamada “economía informal” y quienes hoy optan por la delincuencia, porque no hallaron trabajos dignos y bien remunerados, tendrán la oportunidad de sumarse al México honesto, productivo, justo y próspero.

Porque si no es así, el gobierno federal y sus socios corporativos, nacionales y extranjeros, deberán hacer campañas mediáticas más efectivas para que, en medio del desconcierto, nos convenzan de que la reformitis fue acertada y luego de 20 años de sufrir al TLCAN, y sacrificar soberanía nacional y bienestar social, comenzaremos a recoger los sabrosos frutos del neoliberalismo prometidos por los salinistas y sus continuadores.

En tanto, apreciable y honorable lector, además de defender nuestra felicidad, hagamos lo necesario para que el bienestar, tan difícilmente conseguido, personal y socialmente, no nos sea arrebatado.
 
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