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Un muro entre dos jardines 
Pedro Miguel Lamet 17-07-2014 21:40 hrs

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Liga Corta




La depresión se ha colado en nuestra vida de muchas formas.

Entra por la tele con dosis masivas de una información negativa y desesperanzada. Nos asalta directamente con forma de paro, problemas familiares, decepciones amorosas. Casi nadie se libra de sus múltiples manifestaciones: alguien que ha sido atrapado por ella en casa, una hija, un marido, una esposa que no logra liberarse de un “depre” más o menos profunda. Y hay que afrontarla, o en uno mismo o en personas que la sufren en nuestro entorno.

¿Cómo? En primer lugar partiendo de su misma naturaleza, del descubrimiento que la depresión surge de una visión deformada de la vida. La persona mentalmente sana, que es capaz de mirar todo el bosque, sin que un árbol concreto le impida la percepción de la belleza del conjunto, se libera en un instante de la depresión.

“La tristeza es un muro entre dos jardines”, afirma Khalil Gibran. Es una equivocación de la mirada, un encerramiento en nuestro sótano más siniestro, cavado por nosotros mismos, para olvidarnos morbosamente de lo que ya somos antes y después de sentirnos tristes: somos parte de un único hermoso jardín en el que nosotros mismos hemos construido el muro. Si despierto a eso, si consigo darme cuenta de mi verdad, la tristeza se desmorona en un instante como una frágil pared de ladrillos mal argamasados por nuestros pensamientos.

Pero no debe ser tan fácil cuando hay tanta gente deprimida e incapaz de salir de ella. El problema suele partir del error de creer que las causas de la depresión vienen de fuera: que he perdido el trabajo, que me ha abandonado mi mujer o mi marido, que se me ha muerto alguien, que no me realizo profesionalmente, que no tengo amigos, que soy un fracasado, que estoy solo… Y, aunque parezca increíble, no es así, estos factores sólo son los fulminantes, la mecha de una bomba que llevamos dentro. No digo que los acontecimientos externos no puedan afectarnos. Pero el clima importante está en nuestro interior. “No es fuera sino dentro donde hace mal o buen tiempo”. La prueba es que personas en circunstancias límites consiguen estar bien.

Si uno consigue ver claro, descubre que en este instante lo tengo ya todo, soy plenitud de lo que importa: el ser en armonía y en conexión con lo que es. La percepción de esa energía que nos habita sin darnos cuenta y está bien, más allá de que llueva, haga frío o calor, nos conecta con la paz y la alegría que no cambia. El problema suele ser la tabarra que nos da la mente, el personajillo que creemos ser y en realidad no somos y no para de zumbar en nuestros oídos continuos mensajes destructivos. Callarlo y conectar que ese interior profundo e incontaminado es la clave de una solución.
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