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Pagar las cabras
Huberto Meléndez Martínez 25-11-2013 21:30 hrs

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Liga Corta





Dedicado a los jóvenes estudiantes que deciden dedicarse con amor a sus estudios.

"Pero señora, por favor, es necesario que le dé permiso a Julián para que siga estudiando, debe seguirse preparando para asistir al concurso nacional”.

-“No, maestro Julián se ha descuidado de sus obligaciones en la casa y no puede seguir perdiendo el tiempo estudiando”.

-“Entonces, dígame por favor ¿qué es lo que hay qué hacer, para convencerla de que es muy importante la participación de Julián en este importante concurso?

-“Maestro, él está a mi cargo y yo tengo que decidir sobre él, en estos quince días lo he mandado a cuidar las chivas, se sienta debajo de los mezquites a escribir lo que usted le encarga. Hasta ayer ha perdido dos cabras. No quiero más ganado extraviado”.

Esta airada conversación sucedía entre un profesor de telesecundaria y la abuelita de uno de sus mejores estudiantes. Había ganado el concurso de matemáticas en las primeras etapas. Los puntajes le dieron derecho de formar parte de la selección estatal. Sus maestros pronosticaban rotundo éxito en esta justa académica.

Hacía dos semanas que las clases estaban suspendidas por brotes de una epidemia. Julián se ocupaba de cuidar las cabras de la abuela todas las mañanas.

Julián era un adolescente responsable, serio, callado, receptivo, muy participativo en clase, especialmente en la resolución de problemas matemáticos. También era excelente atleta.

Su abuelita restringía los permisos para ir a realizar los entrenamientos a la ciudad de Zacatecas. Ella lo había adoptado cuando su padre abandonó a su familia.

El profesor había asumido la responsabilidad de trasladarlo los 15 kilómetros de terracería que mediaban entre su comunidad y la sede regional, además de los 130 kilómetros de carretera que distaban de la capital del estado. La familia no podía costear los gastos de traslado.

La adversidad se ensañó con este joven estudiante porque al año siguiente, apenas una semana antes de la etapa nacional de esta olimpiada falleció su mamá. Sus hermanos mayores decidieron cumplir la voluntad de su madre de conservarlo en la escuela. Hasta la fecha este joven sigue contando con el apoyo generoso de su abuelita y sus hermanos.

Afortunadamente en este país hay profesores con espíritu generoso y desinteresado, ocupado por pulir esos jóvenes brillantes que existen en todos los grupos escolares. Siempre hacen algo que va más allá del deber; la historia los convierte en héroes.

Actualmente Julián es un estudiante muy destacado en la universidad. Es más desenvuelto, participativo y goza de un gran reconocimiento por parte de sus compañeros y de sus maestros.

Del concurso nacional Julián pudo traerse una medalla de plata. Sí, Julián tuvo permiso de seguir asistiendo a los entrenamientos para aquel concurso, la conversación entre el maestro y su abuelita concluyó así.

Dijo la abuela -”Maestro, Julián perdió dos chivas, en este ganado faltan dos chivas, y cuestan más o menos trescientos pesos cada una.

El maestro sacó un fajo de billetes de su cartera (equivalente a la cuarta parte de su salario) y pagó seiscientos pesos a la abuela, correspondientes al costo del ganado extraviado por Julián.
 
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