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Callar las armas ilegales 
Javier Fernández Díaz 23-01-2014 20:59 hrs

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Cada 75 segundos, alguno de los 650 millones de civiles que posee un arma de fuego ilegal dispara contra un ser humano y acaba con su vida. En todo el mundo, estos artefactos provocan al año 245 mil muertes y sirven, además, para aumentar el poder de quienes manejan otros negocios ilícitos.

Delincuentes que ganan fuerza gracias al crimen y el contrabando.

El pasado mes octubre la ciudad colombiana de Cartagena de Indias albergó la 82 Asamblea General de la Interpol, donde quedó patente la preocupación que generan las armas que carecen de permiso y no han sido sometidos a los registros correspondientes. Las Policías nacionales se esmeran por sacar este tipo de artefactos de la calle -el año pasado se incautaron 28 mil 42 en Colombia, 386 mil 589 en la última década- pero su uso y distribución supera con creces su capacidad de intervención. Cuanto mayor es el número de pistolas, rifles o escopetas ilegales, mayor es el riesgo de que las balas que las alimentan se lleven por delante la vida de un ser humano. Solo en Estados Unidos existen 270 millones, casi una por cada habitante.

Pero el mercado negro de armamento no solo deja cadáveres tras de sí sino también dinero. Unos 2 mil 500 millones de dólares al año van a parar a las manos de quienes trafican con la muerte. Un producto que escapa el alcance de la ley y una pieza fundamental en otras actividades delictivas como el tráfico de drogas o la trata de personas. Las armas de fuego ilegales, destaca la Interpol, son “una amenaza para la seguridad de los ciudadanos, la paz y el desarrollo de todo el planeta”.

Muchas de las pistolas que se venden a espaldas del control de las instituciones nacionales e internacionales proceden de fábricas con todos sus papeles en regla. Abastecen a los soldados que luchan en las distintas guerras que tienen lugar en el mundo y que, en lugar de viajar al frente o a los cuarteles militares, terminan en las calles. La dificultad de fabricar en masa este tipo de artefactos sin que intervengan las autoridades provoca que el comercio ilegal se nutra de la actividad de la potente industria armamentística y que entre un 10% y un 20% de su producción se pierda en las redes del contrabando.

Este problema no se da de forma aislada en los países del continente americano. Es un caballo de batalla global. Un reciente Eurobarómetro recoge que el 55% de los ciudadanos europeos demanda una regulación más estricta en la materia. Dentro de las fronteras de la Unión Europea existen 80 millones de armas de fuego legales y, aunque no hay datos concretos sobre el comercio ilegal, medio millón han sido robadas o extraviadas y se encuentran en paradero desconocido, según datos del Sistema de Información de Schengen. La ciudadanía es consciente de la gravedad del problema y cree que la situación podría empeorar. Seis de cada 10 europeos considera que la delincuencia con armas de fuego irá a peor en los próximos 5 años y que aumentarán los 0.24 homicidios y 0.9 suicidios causados con armas de fuego por cada 100 mil habitantes que se registran en la Unión Europea (UE) cada año.

El objetivo de la UE, la Interpol y los gobiernos nacionales de todo el planeta, es reducir la violencia armada y poner cerco al comercio. Para ello se hace necesario reforzar el control sobre la producción, intervenir la distribución ilegal, investigar su tenencia y almacenamiento, y evitar que lleguen a dispararse.

Poner coto a pistolas, rifles y escopetas que escapan el control legal no solo evitaría muertes y extorsión en las calles. Tendría también un importante impacto en los traficantes de drogas y otros delincuentes que utilizan estas armas para mantener y aumentar su poder. Un golpe al turbio negocio de las armas ilegales, un mazazo a las redes criminales que las utilizan.

 
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