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“Che" capitalismo y Punto Final 
Pablo Torres Corpus 01-10-2013 22:00 hrs

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Uno de los villanos favoritos es el capitalismo, considerado por muchos el origen de todos los males de nuestra época.
Es nice y políticamente correcto criticar al capitalismo y todo lo relacionado con él; juzgarlo como sí la teoría económica fuera un asunto de simples sumas y restas o peor, de buena voluntad.
Despreciar y odiar al capitalismo, y en general a la teoría económica, se ha convertido casi en requisito para sentirse o llamarse “intelectual” (sobre todo de izquierda).
Cuando algún actor, poeta, pintor o intelectual se lanza contra la teoría económica aunque esté basado en suposiciones, no hay poder matemático ni persona que lo pueda contradecir porque de inmediato se convierte en esclavo del sistema, vendido, neoliberalista o, "de perdis", tecnócrata.
Hace algún tiempo y gracias a un tuitero que mucho sabe de economía (@axr72) conocí los textos del genio francés y padre de la economía ecológica, Bertrand de Jouvenel.
En uno de sus artículos Jouvenel, de manera objetiva y sin tapujos, desgrana por qué odian al capitalismo, especialmente los “intelectuales”.
Y señala dos motivos de este odio, el primero y más importante es el desconocimiento teórico de cómo funcionan los procesos de mercado.
Mientras que a un economista o actuario le puede llevar años entender estos procesos desde un punto de vista teórico y matemático, despojado de ideologías, a un “intelectual” le basta con leer algún artículo ideológico basado en supuestos para debatir cualquier opinión o propuesta técnica.
La segunda razón es la soberbia. Los “intelectuales” suelen opinar desde un pedestal de superioridad moral que creen los legitima para opinar y saber de todo y más que cualquiera, sin importar que no dominen o conozcan a fondo lo que critican.
Pero este tipo de críticas no se limitan a la economía, se extiende a todos los sistemas o técnicas complejas.
Por ejemplo, aquellos que poco o nada saben de medicina desdeñen el trabajo de los médicos creyendo que curar es un asunto de voluntad y así con todo lo que desconocemos y en nuestra ignorancia creemos fácil o nos impide reconocer nuestras limitantes y las aptitudes de los demás.
Jouvenel propone antes de criticar aquello que desconocemos, lo estudiemos medianamente porque así “aumentaremos nuestro conocimiento y disminuiremos nuestra soberbia”.
El francés en una sentida autocrítica señala que todos tenemos del legítimo derecho de opinar pero tener un derecho y opinar no significa tener la razón y mucho menos poseer la verdad.

Punto Final
Más gatos han muerto por soberbia que por curiosidad.


 
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