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Una historia de horror
Elizabeth Sánchez Garay 22-05-2014 21:20 hrs

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Liga Corta




La historia no ha podido ser más horrorosa. Estando en la secundaria donde asistía a clases, Héctor Alejandro Méndez, de 12 años, fue agredido por cuatro compañeros a través de un supuesto juego llamado “Columpio”. Esto es, lo tomaron por la fuerza de pies y manos y lo arrojaron contra la pared del aula.

El adolescente comunicó el hecho a su maestra de español, pero ella no le hizo caso. Sintiéndose impunes, los estudiantes volvieron a columpiar el cuerpo de Héctor Alejandro y lo lanzaron otra vez hacia la pared. En esta ocasión, el jovencito rebotó contra el concreto y recibió un fuerte golpe en la cabeza.

Según la prensa del lugar donde ocurrió el ataque -Ciudad Victoria-, el niño fue llevado a la subdirección del plantel y un prefecto lo trasladó a su domicilio, dejándolo afuera de la vecindad donde vivía y sin hablar con los padres, quienes al ver la gravedad de su hijo tuvieron que solicitar una ambulancia de la Cruz Roja y de allí pasó al Hospital Infantil.

Antes de ser internado, el adolescente contó a su madre lo que había sucedido y le dio los nombres de los agresores.

Sin embargo, el mal ya estaba hecho. El golpe recibido fue tan fuerte que provocó un traumatismo craneoencefálico grave. Así, después de permanecer seis días en estado agónico, el estudiante de primero de secundaria murió esta semana.

Por la televisión, he visto escenas donde una persona de la escuela les dice en el hospital a los atormentados padres del niño, con total desfachatez y cinismo, que los estudiantes solo estaban jugando rudo.

¿Se enteraría ese individuo de que a pesar de la decisión familiar de donar los órganos de Héctor Alejandro varios de ellos, como el corazón y los pulmones, tuvieron que ser desechados porque estaban totalmente dañados? Eso da una idea de lo atroz de la agresión.

El caso es investigado por las autoridades, al tiempo que han sido cesadas la maestra de español y la directiva del plantel por la negligencia mostrada. Si la primera hubiese respondido a la llamada de auxilio del niño, o la segunda hubiese ordenado que fuese llevado de inmediato al hospital, el estudiante no estaría muerto.

No sé qué acciones se tomarán contra los agresores, ya convertidos a su corta edad en asesinos, pero algo se tiene qué hacer porque ellos ya cruzaron la frontera del delito.

Según los especialistas, existen altas posibilidades de que algunos de estos niños lleguen a convertirse en delincuentes de tiempo completo.

Lo peor de todo es que el bullying se está generalizando en el país, pero de eso hablaré la próxima semana.
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