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Corrupción
Ricardo Gómez Moreno 23-09-2014 22:30 hrs

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Liga Corta




El sexenio de 1976 a 1982 fue ensombrecedor, a pesar de que José López Portillo era intelectual brillante y un Presidente patriota y bien intencionado; su error fue permitir a otros gobernar en su nombre y esos otros fueron hombres y mujeres perversos que lo desafiaron e hicieron de la corrupción una forma de gobernar. Los mexicanos quedamos estupefactos al ver tanta ilegalidad e injusticia. Pensábamos que nada peor podía suceder.
Pero vino el periodo de Miguel de la Madrid, un oscuro, inepto, pusilánime y débil Presidente, incapaz de convertir en realidad su lema “la solución somos todos”, cuyo objetivo, no logrado, era erradicar la corrupción dejada por su antecesor. Llegó el salinato y el lema delamadridista fue parodiado: “la corrupción somos todos”.

Desde Carlos Salinas de Gortari a la fecha, la corrupción de los gobiernos federales de PRI y PAN ha sido duramente fustigada por una opinión pública, que a pesar de sostenidos esfuerzos, no ha podido frenarla.

Pero la batalla sigue. Es falso que todos los mexicanos sean corruptos. La mayoría somos hombres y mujeres trabajadores y honestos que, de día en día nos indignamos ante los abusos y latrocinios de gobernantes, políticos y empresarios. ¿Por qué se imponen los malos si son los menos?

Primero, porque son detentadores de los poderes que controlan la vida nacional.

Después, porque casi todos somos tolerantes con la corrupción, a veces en pequeños y aparentemente insignificantes actos. Por ejemplo, permitimos que en las tiendas de autoservicio las cajeras “redondeen” a favor de la empresa. Si de cambio deben darle entre 10.05 pesos y 10.45 pesos, usted solo recibirá 10 pesos. Al corte de caja el excedente por miles de “redondeos” será repartido entre cajeros y supervisores.
En las mismas tiendas permitimos que los kilos de tortilla sean de 900 gramos.

Usted y este opinador compramos gasolina en estaciones donde hay sellos de “clausura” de la Profeco en algunas bombas despachadoras. La Profeco, por su parte, notifica que la “clausura” fue por violaciones a determinados artículos de la ley de Protección al Consumidor, pero nunca dirá que fue por dar litros incompletos. Esto es corrupción oficializada y la aceptamos.

No obstante, rechazamos que la corrupción sea “un asunto de orden cultural”, como lo asevera el presidente Enrique Peña Nieto. Lo que priva en su gobierno es verdadera delincuencia y como tal debemos denunciarla y combatirla.

Según el índice de Corrupción de Transparencia Mexicana, la corrupción absorbe 33% de un salario mínimo. A los más pobres hiere más la corrupción.

No basta con indignarnos ni quejarnos pública o privadamente. Hagamos que cada hogar, cada sitio de trabajo o estudio, sea una trinchera contra los corruptos, sean gobernantes, funcionarios públicos, políticos, empresarios, policías o periodistas.

Periodista
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