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Desconfianza mutua
Ricardo Gómez Moreno 17-06-2014 22:00 hrs

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Liga Corta




Desde hace varios años esta columna sostiene que la mayoría de los mexicanos no confía en las instituciones del Estado. Ahora el Instituto Nacional Electoral, además de confirmar esa verdad, la expone en toda su grave magnitud.

El Informe del País sobre la Calidad de la Ciudadanía, elaborado por académicos de El Colegio de México, el Centro de Investigación y Docencia Económicas, el Instituto Tecnológico Autónomo de México, la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso-México) y el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores, expone a través de una consulta basada en 11 mil encuestas en 10 estados, lo dramático de la situación.

Solo 17% de los entrevistados dijo confiar “mucho o algo” en los diputados. En los partidos políticos únicamente cree 19%. ¿Puede sostenerse que hay democracia?

En el ámbito judicial las cifras son peores, porque 40% no cree que la policía aporte seguridad a su vecindario, y en ella cree apenas 4.4 de la población. Por esa desconfianza 60% de los delitos no son denunciados y 25% se siente víctima. En los jueces solo “confía mucho” 3.3% de los mexicanos.

Esta situación comenzó a configurarse en los años 80, cuando el presidente Miguel de la Madrid Hurtado montó al país en las vías del neoliberalismo económico, tendencia que se agudizó con Carlos Salinas de Gortari y después siguió, cada sexenio con más ímpetus, hasta el momento actual, en el que se avizora la desnacionalización de las industrias petrolera y eléctrica.

Mientras, continúa el disfrute personal y elitista del presupuesto público por parte de funcionarios, magistrados, políticos y partidos, que contagian su mal ejemplo y establecen contubernios con empresarios locales y extranjeros para despojar a la nación de la riqueza producida por millones y millones de honestos y empeñosos trabajadores, hartos ya de tanta rapiña.

La desconfianza se justifica plenamente y es mutua. Así como los ciudadanos recelan de autoridades e instituciones, éstas también desconfían. Por eso las leyes son cada vez más lesivas para los intereses nacionales, pero propicias para que los actuales poseedores del poder se fortalezcan.

Por eso ahora que vendrá el presidente Enrique Peña Nieto al “festejo” -así calificado oficialmente- de la Toma de Zacatecas, la ciudad capital y algunos municipios serán “blindados” con más de 2 mil 500 soldados, e indeterminado número de efectivos de la Marina Armada, de la Policía Federal, Policía Estatal Preventiva y agentes municipales.

Paradoja: se “festeja” el acto culminante de la Revolución Mexicana, con otra “segunda Toma de Zacatecas”, la que harán las fuerzas armadas federales -¡cuánta desconfianza!- para proteger al presidente Peña Nieto, quien no estará aquí más de dos horas, porque debe regresar a Los Pinos a ver el juego de futbol.
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