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Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer 
José Manuel Félix Chacón 08-10-2013 22:10 hrs

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En el capítulo 17 del evangelio de san Lucas aparece esta frase: “Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos de hacer.

El Evangelio insiste siempre en el espíritu de servicio, en muchas ocasiones aparece Jesús dándonos ejemplo de servicio hasta el punto de lavarles los pies a sus discípulos.

Debemos vivir toda la vida cristiana con sentido de servicio sin creer que estamos haciendo algo extraordinario.

Toda la vida familiar, profesional y social -(en el mundo político, económico, etc.) - ha de estar impregnada de este espíritu. «Para servir, servir, afirmaba san José María Escrivá; él quería dar a entender que para “ser útil” es preciso vivir una vida de servicio generoso sin buscar honores, glorias humanas o aplausos.

Los antiguos afirmaban el nolentes quaerimus -buscamos para los cargos de gobierno a quienes no los ambicionan; a quienes no desean figurar- cuando había que hacer nombramientos jerárquicos.

Esta es la intencionalidad propia de los buenos pastores dispuestos a servir a la Iglesia como ella quiere ser servida: asumir la condición de siervos como Cristo.

Recordemos, según las conocidas palabras de san Agustín, cómo debe ejercerse una función eclesial: Non tam praesse quam prodesse; no tanto con el mando o la presidencia sino, más bien, con la utilidad y el servicio.

Frecuentemente se nos olvida que el servicio es una virtud, y toda virtud edifica al hombre en todo lo que conlleva.

Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio, y que para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio que tiene su culmen luminoso en el sacrificio, en la entrega generosa, hace algunos años escuche esta frase “el poder tiene algo del demonio , sino se ejerce desde la perspectiva del amor, de ahí aquella frase famosa “El que no vive para servir no sirve para vivir”.

El hombre es el ser que busca a Dios y a veces cuando ya lo ha encontrado, no se permite creerlo y sigue buscando, Para servir verdaderamente a la paz, la libertad de cada ser humano y de cada comunidad debe respetarse.

Hay que saber respetar la ideas de los otros aunque sean muy opuestas a las nuestras, hay que saber escuchar y luego discernir, pero desde el respeto, la virtud no es algo abstracto, distanciado de la vida, sino que por el contrario, tiene raíces profundas en la vida misma.

La virtud incide en la vida del hombre, en sus acciones y en su comportamiento.

La transformación del mundo comienza “hoy” en nosotros mismos, siendo honestos, siendo verdaderos profetas, es decir, anunciando y denunciando, no limitarnos a criticar a los demás, sino aportando algo a nuestra sociedad y a nuestro entorno por supuesto.

En solidaridad con nuestros hermanos de diferentes naciones, razas y culturas, es posible para nosotros cambiar el mundo y construir un futuro mejor para todos.

Un futuro en que las personas sean más importantes que las ganancias, en el que los recursos del planeta estén repartidos con justicia, y en el que las negociaciones pacíficas sustituyan a las amenazas de guerra.




padrefelix98@hotmail.com
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