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Dividir resta
Juan Carlos Ramos León 15-12-2013 20:00 hrs

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Liga Corta




Se aprobó la tan controvertida reforma energética en el Congreso de la “Unión” y a mí me queda un mal sabor de boca de todo lo que pasó en el proceso.

Me duele en el corazón ver un México dividido, principalmente en dos partes que ya son completamente irreconciliables.

Están, de un lado, los que ven hacia el futuro y, del otro, los que se aferran al pasado; están los que proponen, trabajan y se esfuerzan y, enfrente, los que dicen representar los intereses de los que menos tienen y se dan una vida que ya quisiéramos darnos los que los mantenemos en su andar de hueso en hueso.

Nos lamentamos de que en nuestras calles y escuelas imperen la anarquía, el desorden y la violencia; pues con la reprobable conducta de este grupo de cavernícolas en lo que se supone es el máximo órgano legislativo de nuestro México -lo llaman “honorable”- es fácil comprender por qué.

Tenemos los “representantes” que nos merecemos: una mujer que invita a “privatizar a la puta madre que los parió” a sus compañeros senadores; otra que saca todo su espíritu de verdulera y golpea y rasguña a una de sus colegas y luego un tipo que se sube a la tribuna a hacer un strip tease hasta quedar en calzones. Todos ellos legisladores, elegidos por el pueblo -o puestos ahí por la absurda fórmula de los plurinominales-, con fuero constitucional -la ley a ellos no los puede tocar si la infringen- que devengan en sueldo y prestaciones cantidades escandalosas provenientes de nuestros bolsillos.

Ese es el México que tenemos, el México que hemos creado, el México que nos merecemos mientras sigamos tolerando, aprobando y promoviendo a retrógradas que deberían de estar en la cárcel o encerrados en un manicomio. En un país que tiene de todo para salir adelante no cabe lugar para gente así.

Veo un México que se cae a pedazos cada día y no le encuentro por dónde más si no es que de una buena vez se regula en serio a los partidos políticos para la afiliación, formación y proyección pública de sus militantes, se quitan los plurinominales y se saca de circulación a tantos partidos políticos que no representan a nadie y sólo resultan ser gravosos negocios familiares.

Para seguir andando se requiere quitar del camino todo lo que estorba y está claro que aquí todo el que no ayuda, estorba. Y ¿quién es el que estorba? Respuesta muy simple: aquel que siempre está en contra de todo lo que otros proponen y nunca propone nada sensato por sí mismo; aquel que dice ser “luchador social” y en cuya ‘lucha’ se pasa por el arco del triunfo los derechos de los demás; aquel que recurre a métodos propios de la barbarie para hacerse notar. En México necesitamos sumar, y dividir, resta.

 
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