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El Día del Señor
Domingo mundial de las misiones
Fernando Mario Chávez Ruvalcaba 26-10-2013 20:50 hrs

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Liga Corta




Cortesía / Todos los católicos deben participar en la misión que Cristo les confió, anunciar el misterio del reino de Dios.
INTRODUCCIÓN
Este domingo, de manera muy especial y comprometida, celebramos la gran jornada de las misiones en nuestra Iglesia Católica.
El Concilio Vaticano II nos enseña: “La Iglesia peregrinante es misionera por su naturaleza, puesto que procede de la misión del Hijo y de la misión del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre” (A.G. n. 1 ).

Esta misión de la Iglesia radica en el amor fontal de Dios, Uno y Trino, que quiere que todos los hombres accedan a la verdad y se salven en el tiempo y para la vida gloriosa y plena de dicha en la casa de Dios en el cielo, nuestra meta definitiva y que da sentido de finalidad a toda la acción pastoral de la comunidad eclesial, bajo la iniciativa, el impulso y la guía del Papa y todos los obispos, en comunión con los presbíteros, diáconos, religiosos de vida activa y contemplativa y todos los seglares que son mayoría en la vida de la Iglesia y su misión de evangelizar a todos los pueblos y sus culturas en este mundo, que es teatro donde se desarrolla la vida de la humanidad, llamada constantemente a la intimidad con Dios para participar de su vida luminosa y perfecta.

JESUCRISTO FUNDADOR Y PRIMER MISIONERO DE SU IGLESIA EN EL MUNDO
La voluntad salvífica de Dios es el designio divino y universal en pro de la salvación del género humano.
Así pues, Cristo Jesús fue enviado por su padre al mundo, como verdadero mediador entre Dios y los hombres. Por esta mediación él está presente prolongándose con su ser y acción divinos en el signo de su Iglesia.

Esta Iglesia manifiesta a todos los hombres la revelación de Dios a través de su designio de redención, liberación y salvación para todo aquel, que lo acepte libremente por medio del don o regalo de la fe, completamente gratuito de parte del mismo Jesucristo.

Desde el bautismo, todo fiel cristiano, recibe la fe, como iluminación, seguridad y confianza en Dios, por Cristo y con el Espíritu Santo, quien comunica los dones de Dios en la Iglesia como pueblo del mismo Dios que tiene la misión fundamental de crecer, expanderse y anunciar ininterrumpidamente la Buena Nueva del reino de Dios.

De acuerdo a lo anterior, podemos afirmar que Cristo es el primer misionero y fundador de su Iglesia en el tiempo histórico y para la eternidad.

LA IGLESIA DE JESUCRISTO ES MISIONERA POR EXCELENCIA
Por el don de la fe, los cristianos unidos indefectiblemente con su fundador y misionero, reciben este don para asimilarlo, testimoniarlo y para abrirse en su difusión misionera a todos los hombres de buena voluntad que han habitado, habitan y habitarán este planeta en el cual se desarrolla la vida de la humanidad y sus generaciones.

Cristo resucitado con toda la fuerza y vitalidad de su ser glorioso, ha dicho ayer y ahora y siempre, su mandato misionero: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a guardar todo lo que yo les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt.28,18-20).

Asimismo, en el evangelio de San Marcos Cristo dice a todos sus discípulos misioneros: “Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará... ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban” (Mc 16,15 y ss. ).

LA FE COMO ACOGIDA GENEROSA
Por la fe nos unimos y nos identificamos con Cristo, fundador y misionero de su Iglesia. Este don de la fe para ser auténticamente legítimo y verdadero, debe ser una señal clara de la madurez de una comunidad eclesial.

Por esto, toda comunidad “adulta”, cuando profesa la fe, la celebra con alegría, vive la caridad y proclama la palabra de Dios sin descanso, saliendo del propio ambiente para llevarla también a “los suburbios”, especialmente a aquellos que aún no han tenido la oportunidad de conocer a Cristo.

La fuerza de nuestra fe a nivel personal y comunitario, también se mide por la capacidad de comunicarla a los demás, a difundirla, de vivirla en la caridad, de dar testimonio a las personas que encontramos y que comparten con nosotros el camino de la vida (Mensaje del Papa Francisco para el DOMUND 2013, n. 1).

La fe no solo tiene una dimensión individual y personal es también don y regalo que es necesario compartir con acogida generosa con todos los hermanos del mundo, de acuerdo al mandato de Jesús.

La salvación cristiana es universal y se dirige de suyo a todos los hombres y mujeres con sus estilos de vida y los valores de sus culturas, razas, lenguas y naciones.

La fe tiene una amplitud inabarcable y abierta a las cuatro rosas de los vientos para llegar a todos y cada uno de los hijos de Dios, por Cristo y su Espíritu en el camino de la salvación temporal y eterna.

SEAMOS DISCÍPULOS MISIONEROS DE JESUCRISTO EN SU IGLESIA Y PARA EL MUNDO
Debe quedar claro que todos los bautizados que configuramos la Iglesia participamos de la misión que Cristo nos ha confiado para anunciar y compartir el misterio del reino de Dios.

En la Iglesia existen diversas funciones, servicios y carismas que se ordenan al bien común y a la difusión del evangelio. Algunas posibilidades de acción y testimonio misioneros:

- En la familia los padres para con sus hijos son los primeros misioneros de Cristo y sus enseñanzas que elevan el nivel religioso y cultural en el seno de las comunidades familiares.

- La formación cristiana en escuelas y universidades son fuentes de conciencia para el ser y quehacer misioneros.

- Y específicamente atender a la vocación misionera ingresando en los institutos misioneros de hombres y mujeres.

- Como laicos, colaborar en un trabajo misionero, asociados a sacerdotes o religiosos, de por vida o durante algún tiempo.

- Trabajar en algunas de las Obras Misioneras Pontificias.

- Desde la vida y el trabajo de cada día, cooperar a las misiones con la oración, con las buenas obras y desde luego ayudando económicamente.
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