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Dos cristianos de categoría mundial
Sigifredo Noriega Barceló 29-04-2014 21:10 hrs

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En 1996, el Papa Juan Pablo II mandó hacer un "censo" de hombres y mujeres que dieron su vida y derramaron su sangre por Cristo durante el siglo 20.

Le presentaron una lista de 13 mil 400 ejemplos de vida, nativos de 106 países. Pareciera, a simple vista, que nuestro tiempo produce de todo, menos santos. La realidad es otra. Los santos son personas, de todas las edades y lugares, que han vivido -con todo y sus limitaciones humanas- el misterio de la Pascua. La santidad es fruto exquisito de la Pascua del Señor.

El domingo “de la Divina Misericordia” fuimos testigos de dos personas de nuestro tiempo que fueron puestos en la lista oficial de los santos: Angelo Giuseppe Roncalli y Karol Józef Wojtyla.

Fueron canonizados por ser bautizados ejemplares en todas las etapas u oficios de su vida: hijos, hermanos, prójimos, hijos de su tiempo, sacerdotes, obispos, sucesores de Pedro. No es por ser papas, solamente.

Ser cristiano es la vocación de todo bautizado. De aquí parte el vivir como cristiano todas las vicisitudes en el transcurrir de la existencia. Los dos son frutos maduros del misterio pascual vivido como cristianos y como sucesores de Pedro.

Angelo Giuseppe (san Juan XXIII, Papa), provenía de una familia y de un contexto rural del norte de Italia, testigo sabio y sereno del inicio de los cambios sociales y culturales en su país y en el mundo. Karol Józef (san Juan Pablo II, Papa) de origen polaco, de familia probada por el sufrimiento, testigo solidario en la transformación política y económica de su país y del orbe.

Ambos, con rasgos propios, testigos cristianos al interior de la Iglesia y más allá de la Iglesia. Los dos audaces, visionarios, humildes, comprometidos en sus contextos, campeones de la caridad pastoral.
Ambos discípulos misioneros del siglo 20, grandes por su corazón bondadoso e inteligente, propusieron y testimoniaron un estilo de Iglesia abierta al diálogo con la cultura moderna. Ambos testigos cualificados de la fe en Cristo en un mundo crecientemente secularizado.

La palabra de este domingo habló del domingo, “el día primero de la semana”, día “de la reunión”, “del perdón”, “de la paz”, “de la resurrección”, “de la oración”, “del espíritu”. También del “regañado” Tomás y sus tercas dudas. Jesús no le reprocha su dificultad de creer, Le echa en cara su cerrazón para no aceptar el testimonio de la “Iglesia reunida”. Desde ahora la verificación de la identidad del resucitado es la comunidad. Ésta es depositaría de esta certeza: “El que creíamos muerto, ha resucitado y vive entre nosotros”.

¡Es Pascua! ¡Es domingo! El santo se hace desde el día domingo, la pascua semanal del cristiano. San Juan XXIII y san Juan Pablo II lo creyeron, celebraron y vivieron. Nosotros, discípulos digitales, tenemos la oportunidad de hacer “nuestro domingo”, de hacer nuestro el día domingo, es decir, de ser santos, modelo 2014.

Los abrazo con la bendición solemne del domingo de la misericordia.
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