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¿Ébola?
Antonio Sánchez González 08-08-2014 11:36 hrs

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Una epidemia amenaza con extenderse por todo el mundo en los siguientes meses. Los enfermos van a congestionar nuestros hospitales y la enfermedad dejará alrededor de medio millón de personas muertas en el siguiente invierno, demandando cantidades ingentes de recursos sanitarios y económicos. 

A pesar de los esfuerzos médicos, no hay una cura confiable y tampoco existe una vacuna que proteja contra esta plaga por más de unas semanas.

Si usted ha puesto atención a los alarmantes encabezados de los periódicos en los últimos días, seguramente pensará que el trastorno al que me refiero es la enfermedad por el virus del ébola. Sin embargo, la descripción del primer párrafo está referida a la gripe estacional, ni siquiera a las escandalosamente famosas gripes aviar o H1N1.

El ébola es una enfermedad terrible. Mata a cerca de la mitad de las personas que ataca en el África ecuatorial, aunque se estima que las tasas de mortandad serían moderadas con los cuidados médicos disponibles en cualquier hospital mediano de este lado del mundo. 

Con esa perspectiva, de todos modos es atemorizante pescar un catarro así. Afortunadamente, es una infección no tan contagiosa: se necesita tener contacto directo con los fluidos corporales de una persona visiblemente enferma para adquirirla, lo que se traduce en que existen medidas médicas fácilmente aplicables que pueden contenerla.

Los casi 900 muertos causados por el virus del ébola en los últimos dos meses representan una cifra trágica, pero una parte del trabajo de los médicos es darle a los problemas de salud, individuales o colectivos, la proporción que les pertenece.

Desde hace seis meses, cuando empezó el actual brote de ébola, miles de personas han muerto en el mundo por otras enfermedades transmisibles, 300 mil por paludismo y unas 600 mil por tuberculosis. En México, las cifras de muertes causadas por estas mismas enfermedades ligadas a la pobreza no deberían de ser motivo de desprecio.

Nuestros miedos acerca de adquirir una enfermedad frecuentemente tienen poca relación con las posibilidades reales de ser víctimas de ellas, un fenómeno no modulado por los medios de comunicación, que habitualmente adoptan la tendencia a novelar los riesgos más que a informar de los peligros reales.

El efecto real de la actual epidemia de ébola sobre millones de personas se traducirá en el miedo al estigma que significan algunas enfermedades. Durante la mal manejada epidemia de gripe porcina de 2009 que tuvo supuesto origen mexicano e índices de mortalidad similares a los de la influenza estacional de la misma temporada, abundaron frases como “evita viajar a México”, “no te relaciones con mexicanos”.

En los siguientes meses, nadie entre nosotros enfermará de ébola, pero habrá comunidades marcadas por ella y personas sufriendo temor irracional por su vida;  habrá tiempo para discernir si el principal peligro para nuestro bienestar colectivo son las enfermedades tropicales raras o el terrible manejo que la prensa hace de ellas.

*Médico 
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