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El precio de luchar
Ulises Tuero Rodríguez 20-03-2017 09:17 hrs

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Liga Corta




El asesinato de la activista hondureña Berta Cáceres el 3 de marzo de 2016 fue causa de su lucha contra el extractivismo. Este término se refiere a la forma de organización económica que se basa en una alta dependencia de la extracción intensa de recursos naturales, para después exportarlos con poco procesamiento.

Berta Cáceres, ganadora del premio Goldman, conocido como el “Nobel Verde”, fue víctima de las habituales agresiones contra activistas medioambientales. Sólo en 2015 hubo 185 asesinatos de ambientalistas, según el informe de Global Witness, En Terreno Peligroso. De estos, 122 se produjeron en América Latina, donde la extracción de materias primas también se ha multiplicado por cuatro en los últimos 30 años.

El catedrático en economía por la Universidad Autónoma de Barcelona y experto en ecología política, Joan Martínez Alier, alertó que esta tendencia al extractivismo ha producido un aumento de los conflictos ecológicos y distributivos, que en muchas ocasiones han acabado con la vida de varios activistas.

Dependencia económica y energética en los países exportadores, poco desarrollo de otras industrias, destrucción de parajes naturales, corrupción o desplazamiento de comunidades indígenas son algunos de los problemas que acarrea este fenómeno. Así se originan muchas de las luchas entre activistas y empresas, o incluso estados.

Esto hace que los países más ricos en recursos naturales sean los que más sufren las causas del extractivismo. Una paradoja que perjudica al país de origen y beneficia al destinatario, donde se procesan los recursos y se les saca beneficios.

Las empresas que llevan a cabo las extracciones además tienen ya tanto poder en las regiones que influyen en la política del país. No solo esto, sino que acaban con todos los obstáculos ya sean legales o personas, que en muchos casos solo tratan de impedir la destrucción de sus hogares.

Así es como las sociedades más ricas en recursos naturales son las más empobrecidas. Factor común que vemos a lo largo de todo el globo y que parece no hacer más que aumentar. Por todo esto Greenpeace ha otorgado su premio Artemio Precioso a Berta Cáceres el 2 de marzo de 2016 con intención de “resaltar el valor del activismo y el precio que se paga por él”.