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Emigración y enfermedad
Antonio Sánchez González 25-09-2014 21:30 hrs

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Los individuos de origen latino que viven en los Estados Unidos, muchos de ellos mexicanos, muchos de ellos zacatecanos, se encuentran entre los que históricamente tienen menores posibilidades de acceso a servicios de salud en aquel país, incluso comparados con cualquier otro grupo étnico o comunidad racial.

La dificultad de acceso a servicios médicos de parte de los migrantes latinos en los Estados Unidos está claramente relacionada con índices de mortalidad más altos, peores números de salud cardiovascular, accidentes y obesidad, pobres estándares de salud mental y mayores posibilidades de que los negocios que regentean caigan en bancarrota.

Existen marcadores que identifican a los migrantes que tendrán mayores dificultades podrán acceder a servicios sanitarios: primero, el lenguaje constituye una barrera fundamental: encuesta efectuadas en los últimos meses muestran que 30% de quienes solo hablan español en los Estados Unidos no pueden conseguir servicios de atención de la salud bajo los estándares legales definidos por Obamacare, comparados con 19% de quienes teniendo origen latino tienen al inglés como su lengua cotidiana.

Segundo, los latinos con peores niveles culturales y por consiguiente más bajo nivel de integración comunitaria en el sitio al que emigran, tienen más bajos índices de conocimiento de las oportunidades de servicios de salud a los que tendrían acceso legal. Menos de la mitad de los hispanos que viven en Estados Unidos conocen los mecanismos de integración a servicios de salud garantizados por aseguradoras, comparados con el 80% los miembros de los otros grupos raciales americanos; lastimosamente, solo uno de cada cuatro hispanohablantes que saben cómo afiliarse al sistema de salud estadounidense hizo algún intento para formalizar su cobertura.

Tercero, los migrantes mexicanos que tienen más bajos ingresos económicos en los Estados Unidos, también tendrán peores oportunidades de acceso al sistema de salud, con las consecuencias que podemos imaginar. Cerca de 20 millones de latinos, principalmente de origen mexicano, carecen de servicios de ayuda médica, 14 millones de ellos concentrados en Texas y Florida.

Sin embargo, a partir de los cambios de la ley de salud de los Estados Unidos, en el último año las cifras de cobertura para estos grupos desfavorecidos han mejorado: por ejemplo, el número de migrantes mexicanos que trabajan en Estados Unidos y que no tiene acceso formal a servicios médicos disminuyó alrededor de 20%. La mejoría en estas cifras se deben a que el gobierno norteamericano aumentó la disponibilidad de agentes bilingües y de sitios web en español para derribar la barrera del idioma, y al trabajo de grupos de la sociedad civil como las iglesias, que buscan activamente a quienes no han accedido a cobertura sanitaria legal.

Todos estos números, identificados por un sistema sanitario en el que la planeación es la norma, tienen la impronta de nuestra congénita carencia de cultura de prevención.

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