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Reflexiones
¡En esta casa no se ofende!
Isabel Orendain 21-08-2014 22:30 hrs

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Liga Corta




Cortesía / Los niños y jóvenes deben ser alejados de contenidos que dañen su sentido moral.
Cada vez que voy a rentar una película o que veo los videojuegos en las tiendas, o que me doy cuenta de tantísimas opciónes que hay de programas de televisión, de libros, o de páginas de internet, me pongo a pensar lo que los niños y chavos, especialmente mis hijos, están leyendo o viendo y qué tanto les está afectando a sus personas para bien o para mal.

Un buen termómetro es pensar si están ofendiendo a sus personas, a su familia, a su casa y hasta a Dios.

Como adultos, si somos padres, abuelos o maestros, tenemos la obligación de irlos guiando y de sugerirles qué deben de leer, jugar o ver.

Los niños y jóvenes de nuestro tiempo necesitan una educación inteligente por parte de nosotros que les permita discernir sobre lo que están viendo o jugando, y hay que empezar por darles el ejemplo nosotros mismos.

Se obtiene más con una explicación que con una prohibición. Hay que explicarles sin regaños y con amor.

Empecemos por no comprar estos videojuegos y películas y por apagar los programas violentos y ofensivos que se presenten cuando estamos con ellos; nuestro ejemplo como adultos, ya seamos maestros, abuelos o padres, es súper importante.

Se ha comprobado que lo inmoral, lo antinatural, las actitudes degradantes y ofensivas que entran al cerebro, si no se tiene buena formación en valores, es decir, si no se es maduro ni existe el discernimiento para ver lo que está bien y lo que está mal, turban e inquietan a los muchachos.

Esto lo que provoca es que se les crean conciencias confundidas y relajadas que les hace considerar estos comportamientos de violencia, perversión y agresividad como normales, aceptables y dignos de ser imitados.

Hay estudios que afirman que la pornografía y la violencia deprecian la sexualidad, pervierten las relaciones humanas, explotan a los individuos, especialmente mujeres y niños, destruyen el matrimonio y la vida familiar, inspiran actitudes antisociales y debilitan la fibra moral de la sociedad.

Reflexionemos y actuemos; hay que quitarnos la pereza, no optemos por la comodidad y la pasividad.

No es posible que nuestras familias y hogares queden afectados y muchas veces destruidos por el acceso tan fácil que tenemos a estos medios que no respetan nada.

Estoy segura que lo que siempre hemos buscado es vivir con mucha armonía y paz en nuestras familias; empecemos por averiguar que se está leyendo o viendo bajo nuestro techo y promovamos entre los miembros de la familia que dentro y fuera de la casa se respeten a ellos mismos y no se ofenda ni a la familia ni a Dios.
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