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Espacios para el arte
Éric Nava Muñoz 03-10-2013 23:00 hrs

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César Chacón / Los proyectos culturales deben ser exitosos.
La exhibición de arte se apega a una serie de normas establecidas por la museografía: la altura y distancia entre las piezas, el tipo de iluminación, el color de las paredes.

Muchas veces, la estructura organizacional de los museos y otros espacios dedicados a la exhibición de arte se diseñó a partir de estos requerimientos. Las tareas se vuelven rutinarias: colocar obras en la sala, más o menos de la misma forma cada vez, abrir la exposición al público, desmontar pasado un tiempo, y el ciclo se repite.

En otras ocasiones, la creación de instituciones culturales está guiada por la disponibilidad de algún edificio histórico. Se propone restaurarlo, agregar cierta tecnología, foquitos, pisos nuevos, pintura y listo.

Al día siguiente de la fiesta resulta que no hay personal, ni presupuesto para operar, y mucho menos un objetivo claro o un plan de mediano plazo que establezca claramente para qué existe esa nueva institución.

Hay incluso casos de salas en las que se pide, amablemente, que no se pongan clavos para montar nuevas exposiciones.

Aún cuando diversos estudios multidisciplinarios muestran la importancia de la experiencia de las artes y su enseñanza como un medio para fomentar valores comunitarios, identidad e incluso el desarrollo económico (como las investigaciones de Ernesto Piedras y Néstor García Canclini), la apertura de espacios para las artes responde más a coyunturas políticas que a un plan estructurado para transformar a la sociedad.

Hay, por ejemplo, una cierta norma no escrita de que los titulares del Poder Ejecutivo creen museos o centros culturales, como una suerte de legado. Poco importa si la vocación del nuevo espacio no tiene relación con el público o si sólo está lleno de cachivaches sin mayor valor que haber pertenecido a alguna figura pública.

Importa, sin duda, que tenga un placa con el nombre del funcionario que lo inaugura, los metros cuadrados disponibles, la estimación de la población “atendida”... en fin, números que poco o nada dicen de la (in)trascendencia del proyecto.

Frente a este escenario, las iniciativas independientes cobran gran importancia, no sólo por abrir espacios para el arte y con ello diversificar la oferta disponible, sino porque sus formas de organización y objetivos pueden contribuir a modificar las políticas del Estado.
Cada nueva organización es la materialización de un forma de distinta de concebir lo que deberían ser las políticas culturales.

Son en sí mismas una forma de crítica a las instituciones en la medida en que proponen nuevas formas de gestión, establecen criterios alternativos para decidir qué debe exhibirse, e incluso al cuestionar los alcances que deberían tener las artes, tanto en términos de público, como políticos y sociales.

*Coordinador del Muno
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