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Fábricas de creación
Eric Nava Muñoz. 09-10-2014 21:30 hrs

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Liga Corta




Cortesía / En cada espacio habilitado se analizan sus necesidades para tener éxito.
El ayuntamiento de Barcelona promueve desde hace algunos años la recuperación de espacios para uso cultural alrededor de la ciudad.

Utiliza un modelo que combina la gestión pública con esfuerzos comunitarios bajo diversas modalidades, según las necesidades de cada espacio habilitado.

Este es quizá uno de los aspectos que lo distingue: el ayuntamiento abiertamente se ha propuesto no implementar prácticas estandarizadas de gestión, que finalmente conducen siempre a resultados similares.

A las fábricas se han incorporado colectivos artísticos con trayectorias consolidadas; además, nuevos espacios con la vocación de apoyar ámbitos culturales específicos y un inmueble gestionado completamente por el municipio, como espacio central del proyecto.

Las industrias y su identidad se definen por cinco ejes. El primero es la intención de alcanzar la máxima calidad en todas las acciones realizadas.

También se busca la integración de redes amplias de profesionales en áreas que incluyen la educación, sociología, empresas y la academia para favorecer nuevas iniciativas.

Esto implica una función multidisciplinaria, tanto en lenguajes artísticos, como en las estrategias de trabajo, bajo la premisa de que la flexibilidad es necesaria para la creatividad.

Además de ser un motor de desarrollo local, las fábricas son un espacio de encuentro internacional: se promueve la movilidad de los artistas locales y visitas de extranjeros.

Y por supuesto, la mezcla de esfuerzos públicos y privados, cada uno en roles definidos que aseguren la viabilidad y el impacto del programa.

Es importante notar que el centro de las fábricas de creación no es la recuperación de espacios, en este caso del patrimonio industrial de Barcelona, sino la creación de organizaciones.

Aunque el espacio físico en que se desarrollan actividades culturales y el equipamiento tecnológico que requieren son importantes, lo que verdaderamente determina el éxito o fracaso de un programa cultural es la estructura organizativa bajo la que opera.

Debemos resaltar que no se trata de un modelo de gestión “importado”; es decir, no se tomó un caso de éxito y se transplantó a la capital de Cataluña. Sino que se experimentan distintos modelos para adaptarse a las condiciones de cada barrio y a las necesidades de los grupos que atiende.

Otro aspecto importante es que se han eliminado las fronteras que separan el trabajo artístico de la investigación tecnológica y la intervención social.

El ayuntamiento ha puesto a la cultura como el detonador del desarrollo económico y social de la ciudad, pero esto solo es posible cuando no se le ve como una actividad aislada para el entretenimiento o satisfacción de necesidades asociadas al lujo.

El potencial del arte como transformador social no está solamente en sus contenidos, también se encuentra en sus estrategias de producción y en las formas de pensamiento no-lógico que la producción artística requiere.
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