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Fortalecimiento de la democracia cultural
Alvaro Octavio Lara Huerta 06-08-2014 23:30 hrs

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Oscar Baez / La clave está en que la sociedad se apropie del ámbito cultural.
Se dice que la única independencia real es la independencia económica, de ésta dependen todas las demás autonomías, a nivel personal, social e institucional.

Los vertiginosos cambios en las superestructuras y en las formas de la gestión pública exigen centrar al ciudadano como elemento indispensable para la formulación y aplicación de políticas.

En un rubro tan importante (y a la vez tan ignorado) como lo es la cultura, el paternalismo ha reinado en nuestro país desde la década de los años 50 y ha generado que las instituciones se apropien totalmente de la acción cultural alejando a la sociedad de su primordial injerencia en todos sus procesos, consolidando que la institución se convierta en el centro de la actividad pública.

En el ámbito cultural desde hace 15 años, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, dando seguimiento a las observaciones, reclamos y propuestas de distintos grupos sociales ha implementado una serie de programas que fortalece el quehacer artístico del ciudadano, garantizando la atención cultural de necesidades que por algún motivo no se tenían contempladas.

Programas como Fomento a Coinversiones Culturales, Desarrollo Comunitario, Apoyo a las Culturas Municipales y Desarrollo Cultural Ciudadano ha incentivado el protagonismo de la sociedad.

Pues la descentralización cultural sólo se logra con la descentralización de los presupuestos. Aún con estos apoyos existen varios estados de la República y municipios que se resisten a privilegiar el actuar comunitario, aún cuando está comprobada su efectividad en el éxito y aprovechamiento de los recursos.

Habremos logrado políticas culturales exitosas en medida que el ámbito cultural le pertenezca más a la sociedad civil y no a las instituciones, que deben de convertirse en facilitadores y custodios de la efectividad de los programas emprendidos donde preferentemente los recursos deberían de estar en las instituciones más cercanas a las comunidades como son los municipios y la sociedad organizada.

Estos programas de descentralización fomentan la anhelada democracia cultural, que supone la actividad constante y sostenida de la academia, la iniciativa privada y los ciudadanos en los procesos y programas culturales, garantizando que programas exitosos no desaparezcan y trasciendan los trienios y sexenios, además de atender cabalmente las necesidades propias de cada una de las regiones.

Establecer acciones que generen mayor interés ciudadano en la cultura y cultura más interesada en los ciudadanos, tarea indispensable e impostergable para afianzar políticas centradas en los individuos y no en la institución.
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