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Cartas desde el exilio
La tragedia de la UAZ 
Miguel G. Ochoa Santos 02-02-2014 22:00 hrs

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Liga Corta




León /
Ha tocado fondo el modelo de conducción que ha tenido vigencia en la Universidad Autónoma de Zacatecas durante varias administraciones. No estoy hablando de los procesos académicos vigentes ni de posibles yerros administrativos.

Los errores siempre pueden enmendarse si la inteligencia y el sentido común no escasean. Me refiero a otra cosa más grave y perniciosa, a una adicción nefasta que se ha instalado en la propia comunidad: la politización de las relaciones académicas y humanas.

Perseguir vorazmente el poder es un vicio que no solo termina por destruir a quienes lo asumen como suceso natural, puede acabar también con comunidades enteras e instituciones luminosas. La adicción al poder provoca dolor y sufrimiento, crueldad y sinsentido, porque despersonaliza a los sujetos y, al mismo tiempo, los transforma en cosas manipulables.

En la UAZ se ha permitido que el poder político interno y externo anide en la mayoría de los ámbitos suyos. En lugar de acotar este desquiciante juego infernal, se le ha estimulado y celebrado con pífanos, tambores y danzas. ¿Cuándo se olvidó que la UAZ fue erigida como una casa del pensar riguroso, del hacer artístico prodigioso y de la honda solidaridad cívica?

No lo sé, pero intuyo que las subsecuentes oleadas de politización terminaron por vaciar de contenido la misión de nuestra Universidad. En las disputas electorales no ha triunfado el mejor proyecto de armonización integral de la docencia, la investigación, la extensión y la producción artística. No, han arrebatado el cetro los grupos cicateros que poco quieren y entienden las complejidades de las actividades académicas, aquellos que nunca se han destacado por ser profesionistas, pensadores o creadores.

Pareciera que el destino de la UAZ es aceptar sin rechistar la tiranía de esta retaguardia política e iletrada, muy adicta al dinero y al poder, pero totalmente impresentable al momento de asumir responsabilidades. Esta casta ha hecho y deshecho la vida institucional y ha envenenado la convivencia grupal; ha dividido y sembrado la insidia, ha demonizado y expulsado herejes a su antojo y conveniencia, incluso ha instaurado evaluaciones que jamás, ni por asomo, podría cumplir.

Es una ralea que ha mentido sin pudor con la connivencia de los poderes gubernamentales. Ha llamado salvamento a lo que eran simples bálsamos, ocultando bajo la alfombra el verdadero desenlace de una tragedia institucional que desde hace años se avizoraba. El tiempo ha sido empleado malamente por esta clase política universitaria en la tarea de diseñar esquemas de incremento de sus ganancias y en la fabricación de clientelas eternas. Claro, ningún presupuesto podría soportar esta furibunda adicción.
¡Qué horror!
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